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El debate público

Gonzalo Rivas, héroe cívico

Raúl Trejo Delarbre

La Crónica

24/10/2016

Gonzalo Rivas Cámara no se dio el lujo de la duda, ni se dejó amilanar por el miedo. Cuando aquel lunes 12 de diciembre de 2011 vio que las llamas rodeaban las bombas de gasolina corrió por un extinguidor, se metió en la humareda y evitó una explosión que pudo haber tenido consecuencias mayúsculas. Arriesgó su vida para salvar las de otros. Por eso merece la medalla Belisario Domínguez.

El heroísmo de aquel especialista en informática que murió a los 49 años después de evitar una conflagración en una gasolinera a las afueras de Chilpancingo ha sido recordado en numerosos espacios periodísticos. Desde hace dos años, el escritor Luis González de Alba subrayó el sacrificio de Rivas Cámara y luego propuso que el Senado le diera la Belisario Domínguez. La pertinencia de ese reconocimiento cobró fuerza a raíz del suicidio de González de Alba, el 2 de octubre pasado.

Gonzalo Miguel Rivas Cámara estaba a cargo de las computadoras de las gasolineras Eva y además era responsable de sistemas del Diario de Guerrero. Dos de esas gasolineras se encuentran, una frente a otra, sobre la Autopista del Sol a la entrada de Chilpancingo. El 12 de diciembre de 2011 Rivas estaba la estación “Eva II” cuando un grupo de estudiantes de la Normal Isidro Burgos, de Ayotzinapa, bloqueó la carretera para protestar porque no los atendía el gobernador Ángel Aguirre Rivero. Llegaron policías federales y estatales y se suscitó un enfrentamiento en el que murieron dos normalistas, Alexis Herrera y Gabriel Echeverría.

Al día siguiente,  martes 13 de diciembre de 2011, la nota principal de La Jornada, enviada por el corresponsal Sergio Ocampo Arista, informó: “en la misma gasolinera, uno de los estudiantes de Ayotzinapa prendió fuego a una bomba despachadora de combustible; fue entonces cuando los federales realizaron disparos al aire”.

El editorial de ese diario, también el 13 de diciembre, consideró: “se ha afirmado que los estudiantes pretendieron incendiar una gasolinera en el curso de su protesta y que impidieron el tránsito en la autopista en la que tuvo lugar la refriega, circunstancias que, ciertamente, habrían ameritado el uso de la fuerza pública para desalojar a los manifestantes”.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos emprendió una detallada investigación, en la cual subraya la responsabilidad de agentes ministeriales del estado de Guerrero en la muerte de los dos normalistas. La Recomendación de 145 páginas, presentada el 27 de marzo de 2012, incluye la “declaración ministerial de un empleado de la estación de gasolina 4033, del 12 de diciembre de 2011, en la que narró el bloqueo de la carretera federal de Chilpancingo-Acapulco, por parte de los manifestantes, quienes llevaban una garrafa de gasolina, misma que vaciaron sobre las bombas despachadoras y les prendieron fuego”.

El encargado de la gasolinera, Alejandro Montealegre Borja, describió aquellos acontecimientos en un video grabado por medios de  comunicación de Guerrero. Varios normalistas, al llegar a la gasolinera, “lo primero que hicieron fue desprender todos los extinguidores. Otro grupo de manifestantes empezó a tirar todas las aceiteras, al caer se derramó todo el producto… Descolgaron todas las mangueras no sé con qué propósito, yo creo que pensaron que de allí iba a salir combustible. Entraron dos tipos vestidos de rojo, les puedo asegurar que decía ‘Normal de Ayotzinapa’ porque yo lo vi de frente. Uno de ellos traía una garrafa de gasolina y empezó a rociar la bomba y depositó el restante de la garrafa en la parte superior de la bomba, y de su pantalón extrajo unos cerillos”.

El relato de Montealegre continúa: “Varios de nuestros compañeros y yo en lo personal le gritamos que no fuera a prenderle fuego. Él hizo caso omiso, prendió el fuego y a esto los policías federales se dieron cuenta de ese hecho. Los muchachos estos se dieron a la fuga cruzando todo el patio de servicio. Los policías federales venían detrás de ellos. En ese momento se produjo un ruido, parecido a un disparo, que provenía del lado de donde estaban los estudiantes, lo que estaban manifestándose”.

Cualquier incendio en una gasolinera puede ocasionar una gran tragedia. En la Eva II la situación era más grave porque debido al bloqueo había docenas de vehículos detenidos, ocupados por centenares de personas.

Sigue el encargado de la gasolinera: “Hubo un momento en que se avivó más el fuego. Uno de nuestros compañeros que trabaja con nosotros, se encarga el de todo el sistema de cómputo, Gonzalo Rivas, vino a la oficina y extrajo un extinguidor de los que tenemos aquí adentro. Valientemente trató de apagar el fuego. Yo supongo que no se percató de que los estudiantes habían dejado la garrafa en la parte de arriba y con el fuego, ya nuevamente avivado por el aceite, volvió a subir el fuego alcanzando la garrafa. Creo que en el momento en que se deshace la garrafa explota, lo baña por completo, lo baña en la totalidad de su cuerpo y se produce una explosión producto de lo mismo. Tratamos de acercarnos pero él salió desprendido dentro de una bola de fuego”.

Gonzalo Rivas fue llevado a un hospital del Seguro Social en Acapulco. Luego lo trasladaron al hospital del IMSS en Lomas Verdes, en Naucalpan, en donde falleció el primer día de 2012.

El asesinato de los dos normalistas ocasionó la aprehensión de varios policías. Sin embargo la muerte de Rivas, a quien se menciona en el informe de la CNDH como “V48” (la víctima 48, en una relación que incluye a golpeados y maltratados) no fue suficientemente investigada. Esa Comisión deploró: “si bien es cierto dos servidores públicos se encuentran siendo procesados por los homicidios de V1 y V2 [los estudiantes normalistas] cierto es también que hasta el momento la Procuraduría General de la República ni su homóloga en el estado de Guerrero han informado sobre las acciones para esclarecer el homicidio de V48”.

El señalamiento de la CNDH es claro: Gonzalo Rivas fue asesinado a consecuencia del incendio causado de manera intencional. La culpabilidad de ese crimen ha sido motivo de dos interpretaciones. Los testimonios disponibles indican que los incendiarios de la gasolinera fueron estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. Pero algunos simpatizantes de ese movimiento, que tres años más tarde sufriría el asesinato de los los 43 normalistas, dicen que el incendio fue perpetrado por gente ajena a la Normal.

Los estudiantes de Ayotzinapa sufrieron en septiembre de 2014 un crimen ominoso y brutal. Pero no puede olvidarse que con frecuencia han acudido a la provocación y la extorsión. Recordar que el incendio de la gasolinera fue o pudo haber sido responsabilidad de algunos de ellos no implica que todos esos jóvenes sean criminales. Además, cuando ocurrieron los acontecimientos en torno a la gasolinera los estudiantes que luego serían víctimas en Iguala ni siquiera habían entrado a la Normal.

La culpa del incendio no debiera ser un factor entre las consideraciones para otorgar a Gonzalo Rivas el reconocimiento que ha sido propuesto por numerosos ciudadanos. En su sacrificio no fueron relevantes los motivos del incendio, sino el propósito de evitar una catástrofe mayor. Ése es el heroísmo más significativo: el que se practica sin más consideraciones que la protección de otros, el que reivindica de esa manera el amor por la humanidad.

Al día siguiente de su muerte, Gonzalo Rivas recibió un homenaje en la gasolinera donde ocurrió su acción heroica. El 4 de enero, a propuesta del diputado Armando Ríos Piter, del PRD, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión guardó un minuto de silencio en  su memoria. El 6 de enero, por unanimidad, el cabildo de Chilpancingo declaró a Rivas “hijo predilecto” de esa ciudad.

 Gonzalo Rivas Cámara nació en abril de 1962. Muy joven, siguiendo la tradición familiar porque su padre y sus hermanos son marinos, ingresó a la Armada de México. Luego prefirió dedicarse a trabajar con computadoras y se estableció en Acapulco. La periodista Alejandra Ortiz Ochoa, que fue compañera de trabajo de Rivas en El Diario de Guerrero, recuerda: “devoraba cuanto libro de la aún incipiente tecnología en sistemas caía en sus manos y aunque posteriormente quiso ingresar a una escuela del ramo, nunca pudo hacerlo por no disponer de los recursos económicos necesarios para ello”. Gonzalo Rivas, dice esa periodista, era “impulsivo, atrabancado y generoso, un gran amante y protector de los animales, pues llegó a tener más de diez perros que rescató de la calle viviendo con él”.

Gonzalo Rivas tenía dos hijas pequeñas y, de un matrimonio anterior, dos hijos varones. Su postulación para la Belisario Domínguez ha sido respaldada además por comentaristas en medios de comunicación, así como por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y el Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM. En el Senado, esa candidatura ha encontrado eco pero también el temor de hacer una designación políticamente delicada. Los legisladores, con esa postulación, tienen la oportunidad de reconocer a un ciudadano heroico más allá de intereses y etiquetas políticas. La Belisario Domínguez, que es un reconocimiento a mexicanos que se han distinguido “como servidores de nuestra patria o de la humanidad” premiaría, en Gonzalo Rivas, la generosidad llevada al grado de heroísmo.