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El debate público

La construcción política de la (des) confianza

 

 

 

Ricardo Becerra

La Crónica

16/12/2018

 

El presidente López Obrador encabeza una revuelta contra el establishment mexicano. Es una pretensión mayúscula, más o menos caótica, fundada en buenas y malas razones, a la que sin embargo, parece importarle muy poco los molestos procedimientos. Y éste es el problema.

Porque cuando hablamos de democracia hablamos, por sobre todas las cosas, de procedimientospara casi todo (encontrar la voluntad mayoritaria; establecer contrapesos al ejercicio del poder; salvaguardar los derechos de mayorías o minorías y un larguísimo etcétera). Por eso, quizás, la falla más importante en estos meses de “cuarta transformación” es su desdén por ese detalle fundamental y fundador.

¿Se trata de una minucia baladí? Por desgracia creo que allí está el ánimo y el des-aprendizaje más importante de la coalición presidencial y de muchos de sus seguidores. ¿Qué valor tienen esos procedimientos frente a la obra monumental e histórica que se propone López Obrador? Muy poco o casi nada, y por eso aún sin ser gobierno, organizaron consultas, prescindieron de instituciones, asumieron decisiones sin base estudiada, levantaron padrones con los suyos, sin supervisión y un largo etcétera.

Es el efecto de la épica con la que Morena ha llegado a gobernar. Su trabajo se levanta sobre tres patas: su retórica gira en torno a temas que le importan a gran parte de la gente; procuran siempre el fraseo simple y la oferta de soluciones fáciles (aunque sea pura apariencia) y por supuesto, en lugar de los detalles tecnocráticos, lo que ellos han venido a ofrecer es La salvación de México (la regeneración). Ni más ni menos.

En otras condiciones sociales y anímicas, todo esto sería reconocible en su desmesura y en lo que tiene de engaño. Pero en la actualidad —luego de tantos fracasos sociales, económicos, con tales niveles de violencia, corrupción y muy especialmente, con la increíble insensibilidad de las élites empresariales y económicas— se volvió un discurso públicamente posible.

En ésas estamos metidos… “líderes como López Obrador han sabido leer —a su manera— ese ánimo que ­recorre gran parte de la nación. Pero ante esa demanda, las reglas de la convivencia pluralista van apareciendo, para muchos, superfluas e intrascendentes si es que a cambio, van a ser sustituidas por una red de seguridades vitales y elementales. Construir o pertenecer a una clientela aparece como una alternativa válida ante tanta incertidumbre y tanta inseguridad vital. Y las reglas, los procedimientos, las instituciones de la democracia, como un expediente menor y desdeñable” (http://ietd.org.mx/la-construccion-politica-de-la-confianza/).

El documento que cito continua “Así, nuestra democracia ha adquirido un reto inmenso: debe ser capaz de afirmarse y erguirse sobre gobiernos que llegaron allí, precisamente porque existen las reglas y las instituciones de la democracia pero que, al parecer, no están dispuestos a condescender con sus imprescindibles minucias procedimentales”.

“Tender puentes y establecer un entramado de comunicación y de concordia, parece lo más importante ya no sobre la base de los acuerdos en lo fundamental como parecía posible en otras circunstancias, sino sobre la base de lo que unos y otros, los muchos otros, no pueden aceptar, de lo inadmisible…

“Si este tipo de conversación no se establece pronto, el escenario inercial es el de una alta litigiosidad política y judicial, la multiplicación de impugnaciones, los desencuentros de todo tipo que colocarán en un lugar destacado a los jueces, los inversionistas y no a la política. Todo lo cual augura un escenario tortuoso y empantanado, irritado y polarizado… del que ya vemos varios ejemplos” (IETD).

El problema mayor es que en esta ruta, el gobierno socava uno de sus deberes básicos: otro tono en sus dichos y debates, una cierta estabilidad, un puñado de certezas para todos.

El ímpetu domina la psicología de esa Coalición (4T) pero la viabilidad misma del gobierno de López Obrador dependerá de un factor que han practicado poco: el diálogo y la cuidadosa construcción de la confianza.

Son demasiadas cosas en juego. Podrían (podríamos) al menos, intentarlo.