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El debate público

La siguiente generación no conocerá el crecimiento

Ricardo Becerra

La Crónica

22/05/2016

Pasó por alto para la gran mayoría, pero la verdad, es que resulta una completa epifanía: el anual, famoso y muy consultado WDI (Indicadores del Desarrollo Mundial) confeccionado por el Banco Mundial ha dejado de hablar de países “desarrollados” o en “vías de desarrollo”. La vieja agrupación cede su paso a una más cautelosa “sin hipótesis ni pre-juicios, sino solo realidades”. O sea, una agrupación estrictamente geográfica y cuando existen datos disponibles, agrupación por ingresos”.
Los economistas encargados de esta vasta recopilación Tariq Khokhar y Umar Serajuddin ya habían venido discutiendo el uso de los términos desde 2015: “…los términos mundo en desarrollo y país en desarrollo: son inadecuados y parecen sugerir una pre-clasificación. Lo que estamos tratando de dejar claro que no estamos juzgando el estado de desarrollo ni el presente ni el futuro de ningún país” (http://blogs.worldbank.org/opendata/es/se-publico-la-edicion-de-2016-de-los-indicadores-del-desarrollo-mundial).
Pero la discusión es más lúgubre. De hecho, en varios pies de página del WDI se discute la posibilidad de que el desarrollo se pierda o que la salida del subdesarrollo pueda ser considerada siquiera una posibilidad. En el blog de Khokhar tiene eco el viejo chiste de Gunder Frank: “Inglaterra es un país en vías de subdesarrollo”.
Y ese es el telón de fondo: los indicadores y las tendencias que se establecieron férreamente después de la crisis hipotecaria en todo el mundo, apuntan a un menor crecimiento, más inestabilidad, mas desigualdad, menor bienestar, a ese estadio sombrío puesto de moda bajo el concepto de estancamiento secular.
The Economist de la semana pasada lo discute así: “Las últimas cuatro entregas del WDI han sido una sucesión de cuadros y gráficos siempre revisados a la baja, uno más que el del año precedente en casi todos los indicadores, con la notable excepción de Estados Unidos”. ¿Les suena? Según los cálculos de este redactor, desde 2013 hemos revisado a la baja las previsiones del crecimiento mexicano ¡14 veces! una tras otra y lo que resta del presente año no queda más que un lóbrego escenario de menor crecimiento, despidos masivos, estados quebrados y en retroceso, dólar caro en nombre de la austeridad.
México es un escenario especialmente necio, reacio a echar mano de las herramientas de política económica disponible y factible (como el aumento a los salarios mínimos). Pero en el resto del mundo se pelea por abrir paso a un poco más de crecimiento, a menos sufrimiento de sus poblaciones, a no resignarse en el estancamiento. Esta panorámica contradictoria también se plasma en el WDI.
En Estados Unidos, a pesar del relativo éxito de Obama, se pelea fuertemente por un gasto gubernamental en infraestructura, tan importante como el plan de Roosevelt en los años 30.
Los ingleses están embarcados en una combinación de ajuste severo, pero con políticas de consumo y crédito fácil, a la vez que deprecian la libra para catapultar sus propias exportaciones, mantendiéndose lo más lejos del euro que se pueda.
En el reverso de la medalla Alemania reconoce la abstemia maniática de sus empresas y consumidores, pero se mantiene firme en su apuesta exportadora.
En Japón se ha echado a andar el helicóptero que tira yenes para devaluarlo, provocar aunque sea un poco de inflación, al mismo tiempo que incrementa los impuestos (el IVA) para pagar su increíble deuda.
Y China, siempre sorprendente, quiere despedirse un poco del mundo para que su crecimiento dependa más de su consumo interno y menos de las exportaciones a países emproblemados.
En suma: lo que ha hecho el Banco Mundial es reconocer en sus estadísticas lo que ya observa (tímidamente) en su diagnóstico económico global: lo que experimenta el planeta no es una recesión común y corriente a la que le sigue una recuperación habitual, como las que ocurrieron después de 1945. Las consecuencias de la crisis financiera son de largo plazo, peores, distintas y crónicas, y están cancelando el desarrollo, si, el desarrollo de naciones enteras y de millones de personas.
En suma: la peor herencia de la época ultra liberal es que la siguiente generación, no conocerá el crecimiento. Volveremos sobre el tema.