Un año en la vida de José Revueltas
Roberto Escudero
José Revueltas fue un escritor “incomprendido”: Escudero
Escrito por Jorge Sifuentes Cañas
*La Jornada Morelos
01/12/2009
CUERNAVACA. Incomprendido en su momento, la historia pone a José Revueltas en el lugar que le corresponde como uno de los grandes escritores mexicanos. Roberto Escudero, autor del libro Un año en la vida de José Revueltas, publicado por la Dirección de Publicaciones de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), lo definió como “un escritor a ultranza, que lleva sus novelas y sus cuentos hasta sus últimas consecuencias”.
Entrevistado tras presentar este volumen en el Museo Regional Cuauhnáhuac el viernes pasado, junto a Francisco Rebolledo, Edith Negrín, Martín Dosal y Adolfo Sánchez Rebolledo; el autor consideró a Revueltas como un personaje “incomprendido” y explicó: “El hecho de que las polémicas desatadas con su libro Los días terrenales hicieran tanto ruido y de que solamente se vendiera un ejemplar en aquel tiempo (1949) te dice su incomprensión. Afortunadamente, creo que muchas veces la historia pone a las gentes en su lugar; me parece que ahora Revueltas es uno de los autores mexicanos más leídos, sobre todo entre los jóvenes”.
Inmerso junto con el propio Revueltas y sus compañeros de la mesa en el vaivén del Movimiento de 1968, Roberto Escudero preparaba un acto de apoyo al movimiento francés de mayo, en aquel año. Sin embargo, las circunstancias conllevaron a la represión gubernamental hacia los estudiantes, lo que devino en las movilizaciones estudiantiles. “Respondimos con el 68 mexicano, con nuestro movimiento. Esa fue nuestra contribución al mayo francés”, dijo.
De ahí parte la cercanía del autor con Revueltas, “más como maestro que como amigo, eso no me canso de repetirlo. Nos hicimos muy amigos, pero en realidad fue mi gran maestro; ya lo he dicho en un texto que publiqué hace tiempo, he tenido muchas influencias pero mis dos grandes maestros han sido Adolfo Sánchez Vázquez y José Revueltas, quién se hace mi amigo porque participamos en el mismo movimiento”.
En opinión de Escudero, el libro es una guía modesta que le dice al lector, “sobre todo al joven”, por qué es importante la obra de Revueltas y “por qué en su momento nada más un ejemplar de Los días terrenales se vendió. Ahí se pueden encontrar las contradicciones de su naturaleza humana, pero también es incitarlos a que lo lean infatigablemente”.
Y agregó: “La obra de José Revueltas sigue vigente como uno de los grandes novelistas mexicanos; además muy peculiar, un comunista que critica al comunismo, un escritor que tiene trato constante con las palabras y las utiliza de una manera verdaderamente desgarradora, que le dice a las cosas por su nombre: al pan, pan; al vino, vino; a la puta, puta y al padrote, padrote. Eso lo hace verdaderamente grande. Y algo que verdaderamente sería bueno decir aquí, es que probablemente El apando sea la mejor obra de él; esa pequeña obra maestra que escribe en la cárcel, en su última reclusión. ¿Cómo es posible que un escritor, ya sin fuerzas, casi desfalleciente, logre una especie de canto del cisne y se despida con su obra maestra? Una obra dedicada por cierto a Pablo Neruda, uno de los que lo zarandea en las diferentes polémicas de aquellos años”.
–¿Esa sería la obra que define en su esencia a José Revueltas?
–Yo creo que todas; pero digamos que El apando, dadas sus características de ser una obra bastante pequeña, es perfecta. Se pueden encontrar errores en Los errores o en Los días terrenales, pero en El apando no hay nada que se salga de un estilo ya muy depurado, por un escritor que ya lleva mucho tiempo elaborando sus materiales literarios. Esa es mi versión final de Revueltas, como ya liquidado físicamente por tantas cosas, por tantas cárceles y por el alcohol también, logra sobreponerse a eso y les dice: ahí les va este pequeño librito que no habla de comunistas ni nada, sino habla de dos drogadictos, de la madre de ellos y de un pobre diablo que es el carajo; eso me parece sensacional.
Antes de concluir, Roberto Escudero reflexionó sobre la manera de entender y de leer a José Revueltas. “Es un poco difícil; diría que es un escritor a ultranza, un escritor que lleva sus novelas y sus cuentos hasta sus últimas consecuencias, cosa que pocos escritores logran; no todos iguales, hay algunas recaídas. Por ejemplo, Los motivos de Caín no me gusta tanto; El luto humano es una gran novela, pero él es un escritor que trabaja en el mismo escritorio que le sirve también de cama. Hay un retrato que hace José Alvarado de él, donde lo describe fielmente: ‘y sin embargo, escribe, escribe, escribe’. Creo que eso lo define, en cualquier circunstancia y en cualquier condición”.
PROLOGO
Comencé a escribir este texto hace ya mucho tiempo, diez años para ser preciso. A raíz de que el siempre atento Raúl Trejo Delarbre me pidiera un artículo sobre José Revueltas para publicarlo en la revista etcétera, para conmemorar veinte años del fallecimiento de nuestro escritor. El artículo apareció precisamente en abril de 1996, deliberadamente por parte de Raúl, porque Revueltas había fallecido el 14 de abril de 1976. Mi artículo, titulado “Los días terrenales de José Revueltas”, apareció junto con otros dos artículos debidos a Jaime Ramírez Garrido y a Álvaro Ruiz Abreu, que obviamente también conmemoraban el aniversario luctuoso.
En aquella época, a veces nos reuníamos a comer Adolfo Sánchez Rebolledo, José Woldenberg y el propio Raúl Trejo. El caso es que cuando apareció el artículo, los tres amigos lo comentaron elogiosamente mi articulo (debo decir que cuando se me elogia, así por supuesto que cuando se me critica negativamente, me siento igualmente algo molesto, pero esos elogios eran razonados e inteligentes y naturalmente fueron bien recibidos por mí) y alguno de ellos sugirió que tal vez sería tiempo de que escribiera mi un libro sobre mi maestro y amigo José Revueltas. Así que muy pronto puse manos a la obra, pero muy pronto comprendí que el haber escrito varios artículos sobre diversos temas, y de factura aceptable, no era lo mismo que escribir un libro. Es completamente otra cosa. La estructura, el estilo sostenido a lo largo de decenas de páginas que se van acumulando, la respiración misma que solicita un texto que será un libro, amén de las correcciones que más de una vez saltan de una página a muchas otras hacia atrás o hacia delante, me hicieron comprender que lo más seguro es que hubiera acometido una empresa superior a mis fuerzas. Puede ser. Así que el libo avanzó muy lentamente, y cuando quería entender mis propias correcciones, me resultaba muy difícil hacerlo, porque en ocasiones, las tareas que me imponía la vida académica, cada vez mayores, mas reuniones a veces un poco burocráticas, me imponían rescribir e inventar, eso sí, con mucha concentración, para obtener resultados mínimamente coherentes. Pasaba más tiempo en la universidad que trabajando en mi libro, ésta es tal vez la principal razón para que su volumen sea tan breve.
Esta es la historia de las polémicas que José Revueltas sostiene con compañeros suyos a propósito de Los días terrenales y El Cuadrante de la Soledad, pero a lo largo de la escritura de Un año en la vida de José Revueltas, me fui dando cuenta de que sus polémicas se resolvían en dos posiciones diferentes y aún contradictorias: una cosa es decir que abjura de las dos obras para que no se cumpla el aserto de su critico menos dotado intelectualmente, Antonio Rodríguez, que decía que con esas obras Revueltas se regalaba a la reacción; y otra cosa muy distinta era decir que tanto Enrique Ramírez y Ramírez como Vicente Lombardo Toledano tenían razón en sus criticas, no estéticas sino ideológicas, y que retiraba sus obras para que pudiesen discutir los tres dirigentes socialistas sobre problemas de marxismo y de literatura. Pero dicho así, el problema no parece ser para nada abrumador, sin embargo Revueltas sostiene alternativamente ambas posiciones, la segunda para defender la retirada de sus obras, que por otra parte no podía hacerlo, estaba impedido jurídicamente. Pero esta especie de aparición, desaparición, reaparición de sus posiciones, convierte tal vez al texto en un trabajo de algún grado de dificultad para su lectura, y que hace al cuerpo mismo del libro una estructura compleja y hasta tal vez farragosa en ocasiones, y que por lo tanto a mí me fue realmente difícil redactar y terminar Un año en la vida de José Revueltas.
En algún momento parece que Revueltas está a punto de convertirse en el payaso de las bofetadas, sometido a los golpes que desde diferentes posiciones sus compañeros le quieren propinar. Pero parece que al escribir se crece al castigo, y se defiende y ataca ejemplarmente, como lo hizo a largo de su paso por los días de este mundo. Este es el mejor Revueltas: combatido pero no derrotado, defendiéndose contra todo y contra todos.
A la distancia, las polémicas parecen no tener ningún sentido, y ninguno de sus críticos sobresalió en los terrenos de la cultura, salvo Neruda, por supuesto, pero la estatura de Revueltas no hace más que acrecentarse con el tiempo. Sin embargo, justo en la mitad de la década pasada, yo traté de reseñar una historia de intolerancia y mala fe contra el derecho elemental de un escritor para elegir sus materiales de trabajo; intolerancia y mala fe contra un hombre que a veces, repito, parece que gratuitamente va a hacerse nada frente al fuego graneado de sus enemigos, pero que se rehace y todavía le queda tiempo para escribir lo mejor de su obra. Pero también se puede decir que Revueltas da marcha atrás varias veces de una manera inconsistente, y que no puede sino achacarse a una personalidad hipersensible y llena de contradicciones. Por eso planteo una tercera hipótesis que Revueltas nunca expresa, pero que debió tal vez hacerle sufrir más que lo que sí dice; algunos de sus críticos, Pablo Neruda y Antonio Rodríguez, lo comparan con sus hermanos Fermín y Silvestre Revueltas, según ellos éstos sí seres de una pieza, no como el tránsfuga Revueltas. Esto, creo yo, es algo más que una especulación, es una hipótesis a tener en cuenta, debido a la atormentada personalidad de Revueltas, que tal vez fue convirtiéndose en una caída emocional hacia abajo, al no permitirse expresar nada al respecto.
Es como en sus obras, lo que molesta a sus críticos es que en Los días terrenales, Revueltas retrate, en los inicios de la guerra fría posbélica, no hay que olvidarlo, a dos comunistas que están en las antípodas pero que a la vez son complementarios: un Gregorio Saldívar atormentado y lleno de dudas, frente a su némesis, un Fidel Serrano obtuso frente a lo que se desvía siquiera sea un poco de la ortodoxia marxista de la época. Este personaje, aunque humano en el fondo, resulta francamente deleznable, y ahí tal vez los comunistas críticos de Revueltas advertían que de haber muchos Fideles en el campo del comunismo, la totalidad de su doctrina y su práctica quedaban anuladas
Pero además, existe el propio testimonio de Revueltas al respecto, lo que pudo molestar profundamente a sus detractores era que los personajes de la novela eran militantes reales: “Bien, no se trataba de ninguna otra cosa sino de algo que, en el fondo, debe ser motivo de orgullo profesional para un escritor: la rebelión de sus personajes. Los personajes de Los días terrenales –existentes en la vida física, real de México- se vengaban, no de su autor (puesto que éste no era nada más que su testigo) sino del novelista que había tenido el atrevimiento de introducirlos en la literatura: entonces esa literatura era la inmundicia, la cloaca, la lepra del mundo, mientras ellos permanecían impolutos, sin pecado original concebidos, medrando en la vida política, dentro del partido y en el campote las actividades de esa oportunista y miserable intelectualidad que se ha venido llamando a sí misma la “izquierda mexicana”.*
En cuanto a El Cuadrante de la Soledad, ¿cómo era posible que un comunista retratara el mundo de los bajos fondos- droga, prostitución, alcahuetería, pederastía- sin los propósitos moralizantes a los que acudía la izquierda, y para colmo en relación con una huelga de transportes dirigida por los comunistas?
Para fortuna de la literatura estos temas subsisten en la obra de Revueltas-pienso en Los errores y en El apando- y en el tratamiento de estos temas, conocidos por él en la vida real, reside parte de su valor estético.
Tal vez no todo se me complicó a lo largo de estos diez años. Pude seguir leyendo y releyendo a Revueltas, así como asuntos que atañían directa ó indirectamente a mi tema, en especial, un ensayo excelente de Adolfo Sánchez Vázquez: “La estética terrenal de José Revueltas” *, en donde pone los puntos sobre las íes, un punto más que es también punto final respecto a todo lo que tengo que decir en este prólogo. Es una verdadera paradoja que la intolerancia de estos comunistas fuera dirigida hacia José Revueltas, cuyos defectos y carencias personales son muy conocidos, pero entre estos no figuró precisamente el de la intolerancia, al que los comunistas le daban también el nombre de sectarismo.
“Sobre mi obra literaria (respuesta a un cuestionario de Luis Mario Schneider)” en Cuestionamientos e intenciones, ed. Era, pág. 111.
* Cuestiones estéticas y artísticas contemporáneas, Fondo de Cultura Económica 1996, el ensayo en págs. 68 a 81.