Ago 4, 2016

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Michelle y nuestra tragedia educativa

Michelle y nuestra tragedia educativa

María Marván Laborde

Excélsior

04/08/2016

Con todo lo que las convenciones norteamericanas tienen de superproducción y espectáculo, tienen aspectos fascinantes. La política como una puesta en escena y la retórica al servicio de proyectos de nación.

El discurso de Michelle Obama me pareció uno de los grandes momentos de la Convención Demócrata. En sólo cinco cuartillas planteó los elementos esenciales del proyecto educativo al que debería aspirar cualquier país (http://www.newsweek.com/michelle-obama-speech-transcript-democratic-nati…).

Con el pretexto de los retos que ella y su marido enfrentaron para formar a sus hijas desde la privilegiada e incómoda posición de habitantes de la Casa Blanca, perfiló una serie de valores centrales de una política educativa de Estado.

El contraste con la pobreza de nuestro discurso de Reforma Educativa es lacerante. La reforma laboral del magisterio, disfrazada de transformación del modelo educativo, deja al desnudo el abandono que hace años hicimos de los valores esenciales.

La señora Obama dijo que es en los años de primaria y secundaria cuando formamos el fundamento de las personas que nuestros hijos e hijas serán en el futuro. Sabemos que están oyendo lo que decimos, viendo lo que hacemos y aprendiendo de nosotros como sus modelos a seguir. ¿Dónde están esos maestros que vale la pena imitar? ¿Cuándo dejamos de preocuparnos por formar seres humanos que respetaran y velaran por la comunidad a la que pertenecen?

No pienso sólo en los jóvenes-niños, sicarios o halconcitos, que con tanta facilidad recluta el crimen organizado. No sólo pienso en el chico de 16 años que mató a una criatura de cuatro años en un autobús al tratar de asaltar a su padre que, estúpidamente, se defendió.

Desde luego, algo estamos haciendo mal como país para que esto suceda. Pero pienso, quizá con mayor dolor, en todos los adolescentes-jóvenes prepotentes que, un día sí y otro también, se convierten en noticia viral gracias a sus gracejadas. La semana pasada Lord Audi y, hace unos meses, Lord Ferrari, Lady Polanco, Lady Profeco o Lady 100 Pesos. Muchachitos y muchachitas privilegiados, mirreyes ymirreinas que todo lo han tenido, pero nunca aprendieron a respetar o a obedecer las normas o a tener la mínima empatía con quienes cohabitan. Ellos, que con desprecio voltean a ver al otro, al que no tiene dinero, al que debería representar una figura de autoridad y le dicen: “Esto es México, güey, y tú… ¡tú eres un naco!”

Michelle, que como mujer negra acepta la historia de su país y reconoce no sólo los años de esclavitud sino, sobre todo, a los esclavos que levantaron la Casa Blanca, asume, no niega, el peso de la historia, pero mira hacia adelante. A partir de hoy y para siempre cualquier niña y niño saben que una mujer puede ser presidente.

Maestras y maestros en México han sido, por años, una de las figuras más respetadas de nuestra sociedad; la escuela y los profesores son parte esencial del tejido social que se nos ha venido deshilachando. ¿En qué momento abandonamos a nuestra infancia para dejarla a su suerte? ¿En qué momento desarticulamos la escuela como núcleo social?  ¿En qué momento convertimos al profesorado en el villano de la película?

A diferencia de muchos, no creo que el punto de quiebre fue cuando sacamos la materia de civismo de la currícula, el problema comenzó cuando escuelas públicas y privadas expulsaron el civismo del patio de recreo. Cuando en el salón de clases nos volvimos permisivos. Cuando una criatura, muchas veces con la complicidad de sus padres, se pudo robar un suéter y no pasó nada. Cuando dejamos pasar que alguien copiara en un examen o entregara un plagio sin consecuencias.

¿Cuándo y por qué, desde la Secretaría de Educación Pública, les quitamos a los maestros herramientas para que formaran a las criaturas? ¿Por qué debilitamos todas las posibilidades de corregir, castigar y reprobar a los educandos cuando los casos lo ameritaban?

El sistema educativo está quebrado años antes de la CNTE y del SNTE. Repensar el sistema educativo nos obliga a mirar los valores esenciales alrededor de los cuales debemos reconstruir la escuela como institución que hace comunidad y forma seres humanos.

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