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El debate público

Pagar con libertad, su prosperidad

Ricardo Becerra

La Crónica

17/04/2016

El hombre detuvo la marcha del pequeño autobús y con su Smartphone tomó la evidencia que necesitaba (un auto había sido estacionado en lugar prohibido). Acto seguido subió al camión y envío la foto por Internet con un comentario inentendible (escrito en malayo) hacia la página pública y oficial de la agencia gubernamental de movilidad.
Para sorpresa de los latinoamericanos que viajaban con aquél denunciante, el auto infractor ya estaba expuesto por la propia agencia, gracias al sistema de 120 mil cámaras que vigilan la Ciudad y ¡otros 8 ciudadanos había hecho la misma denuncia! antes que nuestro escandalizado conductor. “Ese carro no circulará los próximos dos meses y el dueño pagará una multa de 5 mil dólares”, confirma la traductora.
Estamos en Singapur, Ciudad-Estado cuyo ingreso per cápita alcanza los 56 mil 285 dólares (cinco veces el mexicano, según cifras del FMI), con un nivel de desempleo menor al dos por ciento, una población de casi seis millones y cuyo propósito nacional es llevar el ingreso a 85 mil dólares por cabeza en el año 2030.
Casi todos los productos del comercio asiático pasan por aquí: cada diez minutos atraca un barco y en conjunto se cargan y descargan 64 millones de contenedores que resguardan casi cualquier cosa. Si uno trepa al edificio más alto, mira al norte la costa de Malasia; al sur, la de Sumatra y al este, Brunei. Con binoculares aparece Yakarta, capital de Indonesia con sus 260 millones de habitantes.
Criatura y obra de la guerra fría, una vez expulsada la despiadada invasión japonesa, Inglaterra vuelve a ocupar la isla por unos años (recuerden que Singapur formaba parte de la compañía británica de las Indias Orientales) y con Estados Unidos catapultan un pequeño plan Marshall para asegurarse un aliado estratégico en el sudeste asiático (a mediados de los sesenta).
Formalmente República parlamentaria en la cual –realmente- el Partido de Acción Popular ha sido campeón indiscutido en todas las elecciones desde la independencia. “Este hecho es clave para el desarrollo del país”, nos explican, “porque la estabilidad política es la certeza de la planeación a largo plazo”.
Cierto: en 1971 comenzó el plan-conceptual de la ciudad, que dio origen al plan maestro que rigió la construcción de casi todo y que todavía hoy preside sus reglas y sus decisiones más importantes ¡hasta el 2021! con revisiones conspicuas –al más alto nivel- cada 10 años. Por ejemplo: nada es más importante que su conexión con el mundo y por eso la masiva inversión está dedicada a ello, sostenidamente, desde hace 40 años. Por eso, Singapur es capaz de movilizar tres veces la cantidad de riqueza que produce.
“Nuestros impuestos son nuestra nación”, reza la entrada de la aduana y no es cuento chino: evadir implica cárcel y si quieres poseer un auto debes pagar un impuesto-tenencia (certificado) por 720 mil pesos mexicanos. En este paraíso de las mercancías y del libre mercado, la propiedad privada… se extingue. Si usted compra un departamento en 99 años pasará a manos del Estado, mientras que el suelo de fábricas o negocios expira en los siguientes treinta.
Campeones mundiales en planeación urbana (en 6 días de agitados recorridos por la Ciudad, vi un bache y dos bolsas de basura fuera de su sitio), su otro gran propósito nacional es “conectar el mar con el aire”, mediante un puerto único bimodal que agilice y abarate todas las conexiones.
Aquí no se habla de “reformas estructurales” sino de planes dirigidos por el Estado con mucha inversión física. Tampoco se habla de “emprendedores”, sino de empresas protegidas y monitoreadas. Pequeño paraíso fiscal que no tolera la corrupción entre los suyos. No hay salarios mínimos porque “sería una medida benéfica para los cientos de miles de malayos que vienen a trabajar todos los días y no radican aquí”, me explica el señor Heng Mun.
Mezcla afortunada: un país muy pequeño; ubicado estratégicamente que supo anticipar lo que sucedería en los últimos 25 años del siglo XX (la exponencial multiplicación del comercio mundial, sobre todo de Japón, China y la India). Allí supieron convertirse en un lugar privilegiado de la globalización.
En Singapur no hay alcaldes ni molestos cabildos. Un gobierno central, y de 92 legisladores, 86 pertenecen al partido en el gobierno. Pervive en la ley la sanción con 16 azotes públicos y nuestros muchos amables interlocutores no ocultaron cierto orgullo por la permanencia ejemplar de ese castigo, conscientes, muy conscientes, de que pagan con libertad su redonda prosperidad.