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Reforma energética

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"La reforma petrolera,un desenlace democrático" 

 

 

 

La reforma energética no ha comenzado.

Karla Garduño Morán 

Reforma, Enfoque.  09/11/2008

 

A pesar de respaldar la reforma petrolera aprobada por el Congreso, Cordera advierte que existe una agenda pendiente en el sector.


http://www.reforma.com/libre/online07/imggc/reforma/pix.gifCiudad de México  (3 de noviembre del 2008).- La reforma de Pemex no ha terminado y la reforma energética no ha empezado, sentencia Rolando Cordera, vocero de los asesores del Frente Amplio Progresista, quien a pesar de apoyar los siete dictámenes aprobados por la Cámara de Diputados el martes 28 de octubre, considera que no se ha avanzado en la constitución de un verdadero sector energético.

El gobierno federal y los legisladores todavía tienen que trabajar para integrar la política energética en un mismo sentido y atender el tema de las fuentes alternas de energía, señala el economista.

"Todos sabemos que si bien no hay una fecha fatal, sí hay un periodo más o menos fatal en el que tanto por los compromisos en materia de cambio climático como por el progresivo agotamiento del recurso no renovable que se llama petróleo, nos va a poner en perspectiva de cambios muy fuertes en cuanto a nuestra cultura industrial y cotidiana. Existe todo un tramo de estudio, de reflexión y de discusión de trabajo legislativo que apenas visualizamos, que sí está planteado, pero hay que sistematizarlo y convertirlo en un ejercicio profesional y político permanente", dice Cordera, investigador de la UNAM.

¿Le parece que le faltan 12 palabras en el artículo 60 de la Ley de Petróleos Mexicanos?
Nosotros éramos partidarios de que esa prohibición fuera explícita y no hubo acuerdo, pero el hecho de que no se haya incorporado no quiere decir que el gobierno o Pemex tengan carta blanca para hacerlo.

Ahí hay una discusión de derecho público. Hasta donde entiendo, a diferencia de lo que pasa con los ciudadanos, para quienes lo que no está prohibido está permitido, para el estado lo único que está permitido es lo que está establecido en la Ley. Se puede dar lugar a un conflicto de interpretaciones, pero en el momento en que eso sucediera tendríamos bases legales fuertes para salir al paso de una hipótesis de esa naturaleza, pero no está planteado. No creo que un párrafo como ese fuera dañino o nocivo a la reforma, reforzaría la perspectiva de industria nacional estatal plenamente integrada, pero el hecho de que no esté no vulnera en lo esencial la reforma.

¿Le parece entonces que se conjura cualquier posibilidad de privatización?
Cualquier posibilidad no, porque el ingenio no tiene límites y hay intereses mexicanos y extranjeros convencidos de que lo mejor que le puede pasar a la industria petrolera es que se abra, que se asocie, que deje de ser una industria estatal encargada exclusivamente de la exploración y la explotación. Ellos seguirán pujando por eso y buscarán resquicios; y habrá funcionarios que, también convencidos de esto o simplemente interesados, busquen resquicios o tuerzan los mandatos de ley. No creo que se pueda conjurar con las leyes más perfectas que prevean todo, porque sería algo desproporcionado. Lo que se requiere es de una auténtica vigilancia y un ejercicio sistemático de observación de lo que está pasando ahí, y de mucha transparencia.

¿Cuál es su balance final de la reforma?
Desde el punto de vista político me parece positivo. Después de los primeros desencuentros por la abrupta presentación de la iniciativa de Calderón y de la reacción de movilización social que propició, entramos en una fase poco acostumbrada por la política mexicana, que es la de montar un debate en forma en el que participe gente con diferentes posiciones, eso me parece un signo alentador.

Hubiera dejado de serlo si se hubiera procedido a la elaboración de un dictamen en el sigilo de las comisiones, pero no ocurrió tampoco. Se logró abrir un periodo de espera en el cual el Frente Amplio Progresista y el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo convocaron a un grupo plural que se abocó a elaborar una propuesta. De ahí surgió un periodo en el que las comisiones trabajaron y se pudo llegar a una serie de acuerdos.

En lo que se refiere a la reforma, las vías más claras y tajantes que nos llevaron a sostener que se estaba proponiendo una privatización, aunque fuera parcial, se cerraron. Se definió adecuadamente el régimen de contratos, se cerró paso a la idea de hacer refinerías de propiedad privada, se evitó esa extraña figura de filiales y se avanzó en la conformación del consejo de administración, aunque no se logró reducir ni revisar la manera como participan los trabajadores en el consejo.

Además, se establece un mandato al consejo de administración para que en un año presente un proyecto de reorganización de la industria, lo que puede ser muy importante, porque podría dar la posibilidad de avanzar en una propuesta nuestra que consideramos que no fue acogida, que es la de reconformar a Pemex como una industria nacional plenamente integrada.

¿A quién se le debe que se haya logrado un diálogo?
La reacción convertida en movilización social y política, que fue de entrada muy satanizada y denostada, demostró que puede ser un factor productivo y constructivo en todo proceso político, pero sobre todo en un proceso que atiende a reformas en lo fundamental. La movilización fue muy importante para plantear el tema de la necesidad y la conveniencia de un debate abierto. Luego, con rapidez, los órganos directivos del Senado en particular, y algunos miembros de los grupos parlamentarios, reaccionaron con mucha sensibilidad y contrapropusieron el debate. Hubo un encuentro muy afortunado entre movilización social, reclamo político y sensibilidad de los legisladores.


El Plan de Acción Inmediata que usted había destacado que era importante que se tomara en cuenta finalmente no se atendió. ¿Es grave?
De alguna manera las acciones del gobierno en materia de refinerías, de modificaciones a la Ley de Derechos, van en esa dirección, pero formalmente hablando esta idea de un plan de acción inmediata no fue recibida, no fue procesada, entre otras cosas, por la misma práctica parlamentaria. Sigo pensando que hubiera sido muy sano que nos diéramos un tiempo para estudiar a fondo la industria. De todas maneras lo logrado permite, a partir de la idea del Consejo Nacional de Energía y de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, insistir en que el asunto no está resuelto ni concluido, que la industria es muy compleja, que se va a volver más compleja y que tendría que abrirse un periodo de estudio a fondo de la industria.

 

Además esto sería una buena continuación del debate. El Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo podría tener un papel muy importante como el observador activo, participante e insistente, tanto en la necesidad de que se trabaje en esta dirección, como en la necesidad de que el plan de energía sea el resultado de un verdadero ejercicio participativo que tampoco hemos tenido en México.

Cuando la Sener presentó su diagnóstico se dijo que Pemex estaba muy mal por la baja de reservas y la importación de gasolinas, ¿con la reforma como quedó, se resuelve esto?
El primer punto se tiene que ir resolviendo ya: explorar donde se tienen ciertas certezas de que hay petróleo y que no es tan difícil y riesgoso como podría ser en aguas profundas; si la hipótesis resulta cierta, podríamos ir revirtiendo la tendencia a la baja de las reservas probadas, y si esto es así, podremos prepararnos para ir a aguas profundas.

En lo segundo, es muy curioso que el gobierno haya dicho que el problema es la falta de refinerías, cuando han sido los gobiernos los que han decidido no hacer refinerías. Este gobierno se comprometió con la idea de que no había recursos para hacer refinerías y ya se autocriticó, porque mandó a hacer una refinería, porque además las refinerías tardan en hacerse, el gasto se da en el tiempo.

Lo que nos lleva a que todo esto no debe hacernos olvidar que en el corazón de las tinieblas está el tema fiscal; si no resolvemos el tema del financiamiento del estado mexicano, todas estas ideas y anhelos con respecto a Pemex se nos van a ir cayendo, porque no va a haber dinero. Si no se afronta el hoyo fiscal mexicano que nos hace impresentables en la liga de países en desarrollo, no vamos a poder avanzar y nos vamos a quedar en unos desequilibrios inimaginables si le metemos al panorama lo que puede traer la crisis mundial.

Ojalá se pueda retomar el tema fiscal y se convierta en parte de la conciencia nacional; así como lo logró hacer el petróleo, habría que insistir en que el tema fiscal es el que intoxica toda la discusión política en México.

 

Reforma aprobada.

fuente: http://www.senado.gob.mx/gace.php?sesion=2008/10/23/1 

 

 

 

Aprobados por el Congresos

art27_ramopetroleo.pdf
aprov_sustentable.pdf
com_reguladoraenergia.pdf
energiasrenovables.pdf
leycomnalhidro.pdf
leyorgpetroleosmex.pdf
33lorg_admonpub.pdf

 

 

Boletín de prensa leído por Rolando Cordera Campos, asesor del FAP, en el Senado de la República

Fuente: Boletín de prensa del Senado de la República, octubre 2008.

 

Tengo la responsabilidad de hablar ante ustedes, por segunda ocasión, en nombre del Grupo Ciudadano que elaboró las iniciativas de reforma energética presentadas al Congreso de la Unión por los partidos del Frente Amplio Progresista.

 

Me corresponde presentar una evaluación de hasta dónde hemos llegado, al día de hoy; de lo que consideramos haber conseguido, de lo que todavía nos falta y, sobre todo, sugerir algunas tareas para más adelante, cuando las iniciativas de ley que ahora discute el Senado hayan sido aprobadas y promulgadas.

 

Quiero destacar, en primer término, que hemos llegado hasta aquí gracias a todos ustedes, los brigadistas del poderoso Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, conducido con visión y talento por Andrés Manuel López Obrador. Sin ustedes no hubiera sido posible frenar, como se ha frenado, la ofensiva privatizadora contra Pemex.

 

Repasemos, muy brevemente, los hechos que han marcado este proceso, que ahora llega a un punto de flexión, entra en una nueva fase.

 

El 8 de abril Calderón presentó un conjunto de iniciativas de clara intención privatizadora, que pretendían entregar a particulares, nacionales y extranjeros, las actividades centrales de la industria petrolera que la Constitución y las leyes reservan, en exclusiva, a la Nación. Pretendió, además, que esas iniciativas fueran aprobadas cuanto antes y el despojo se legalizara lo más pronto posible.

 

La inmediata reacción de los legisladores del FAP y la fortaleza de este Movimiento arruinaron, por fortuna, esa pretensión. Se convino, entonces, en realizar un amplio debate nacional en el Senado de la República. Entre mayo y julio se escucharon las voces de numerosos especialistas. La mayor parte de los expertos independientes configuraron el consenso de que Pemex debería ser fortalecido como un organismo del Estado, palanca del desarrollo nacional.

 

A finales de julio apareció la iniciativa de un grupo de legisladores del PRI, que proponía un modelo de fragmentación extrema, de “balcanización” de Pemex, abriendo nuevos cauces a la participación de terceros en actividades sustantivas de la industria, como la refinación y los ductos.

 

Ante esta situación, ciudadanos que habíamos participado en los foros del Senado y que, como Grupo en Defensa del Petróleo, habíamos identificado los contenidos más negativos de las iniciativas privatizadoras, fuimos convocados por el dirigente de este Movimiento y por los legisladores del FAP a preparar una iniciativa ciudadana de reforma energética, que cerrara el camino a la privatización y fortaleciera Pemex. Esta propuesta fue presentada al Congreso el 27 de agosto por los legisladores del FAP. La presentación de la iniciativa ciudadana significó un vuelco en los debates de la reforma petrolera.

 

Tras casi dos meses de trabajos, se concluyeron, con acuerdo de todos los partidos, los dictámenes de las iniciativas que están ahora bajo examen del Senado de la República.

 

Algunos de quienes participamos en el Comité Asesor del FAP expresamos ayer la opinión de que “hasta el momento, [el proceso] ha desembocado en un resultado que conjura el peligro privatizador, imposibilita los contratos de riesgo –desnudos o con disfraz– y elimina la mayor parte de las características más lesivas de la iniciativa oficial, [siendo, por tanto,] un resultado que puede respaldarse plenamente”. Repito: que puede respaldarse plenamente.

 

Sin embargo, no ha llegado el momento de cantar victoria y cruzarse de brazos. Nada de eso. Advertimos también que “será indispensable que el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, del que formamos parte, se mantenga alerta y en pie de lucha para frustrar los intentos privatizadores que pueden manifestarse tanto en las etapas restantes del proceso legislativo de la reforma petrolera como más adelante [y también] para impulsar una política de largo aliento dirigida a constituir a Pemex como un organismo plenamente integrado”.

 

Como antes dije, el Comité de Defensa del Petróleo identificó los puntos más peligrosos de las iniciativas privatizadoras y los denominó “las trece líneas rojas de la reforma petrolera”.

 

De acuerdo con nuestro análisis, al elaborar los dictámenes, se logró:

-Evitar por completo ocho de esos trece peligros y se requiere ahora que nos aseguremos que los compromisos alcanzados para evitarlos se cumplan en la realidad;

-Se sortearon en forma parcial otros tres peligros, por lo que es necesario persistir para que se corrija el sesgo exportador que se ha impuesto a la actividad petrolera, para restituir un Pemex plenamente integrado y para lograr que su Consejo de Administración se constituya en forma más democrática y representativa;

-No fue posible, a pesar de los esfuerzos empeñados, borrar dos de las trece líneas rojas y, en consecuencia, es indispensable insistir, en el debate legislativo y en otros foros, en que la regulación que se imponga a Pemex no sea más rigurosa y punitiva que la que se establece para los permisionarios privados en gas natural, y en que los llamados “bonos ciudadanos” no se conviertan en un instrumento para colocar el capital de Pemex en las bolsas de valores – esos casinos del capitalismo neoliberal.

 

Entre los ocho peligros que se logró conjurar destacan los dos siguientes:

-Se evitó que los particulares puedan construir, poseer y operar instalaciones de refinación y petroquímica básica, así como de transporte por ductos y almacenamiento de petrolíferos y petroquímicos básicos; y,

-Se estableció un régimen de contratos que impide por completo los contratos de riesgo, bajo cualquier nombre; que sujeta los contratos a la supervisión de la Auditoría Superior de la Federación; que limita al mínimo las adjudicaciones directas, y que, para los tres casos en que admite compensaciones, establece que éstas queden determinadas desde la firma del contrato.

 

Con todo lo conseguido, hay que mantenerse alertas y vigilantes. Corresponde a este Movimiento asegurarse de que el nuevo marco legal para Pemex se aplique sin desviaciones y contribuya, lo más posible a combatir la corrupción.

 

Se inicia una nueva fase para el Movimiento en la que la defensa del petróleo asumirá otras formas y contenidos. Entre ellos, menciono los siguientes:

-Vigilar las formas y modalidades que se determinen para la intensificación de la exploración y desarrollo de los yacimientos de Chicontepec, donde se requiere una auditoría ciudadana de lo que hasta ahora se ha hecho;

-Hay que mantener la movilización popular para asegurar que el aprovechamiento de las nuevas provincias petroleras en el Golfo de México no se realice de manera precipitada e irracional, para alimentar una exportación excesiva de crudo, sino cuidando un recurso que pertenece sobre todo a los mexicanos de la segunda mitad de este siglo;

-Hay que movilizarse a favor de la pronta reactivación de la petroquímica, larga y costosamente abandonada en los últimos decenios;

-Este Movimiento, en fin, puede convertirse en un poderoso y efectivo mecanismo de vigilancia ciudadana de la conducción y operación de nuestra industria petrolera.

 

Concluyo reiterando que, a juicio de quienes contribuimos a la formulación de la iniciativa ciudadana, es preciso respaldar con firmeza y sobriedad los resultados alcanzados hasta ahora en el proceso legislativo de la reforma petrolera; mantenerse alerta y en pie de lucha porque las intentonas privatizadoras seguirán manifestándose, y prepararse para responder a los desafíos que, a partir de la reforma, enfrenta el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, a cuyos nuevos éxitos estamos dispuestos a seguir contribuyendo, con modestia y convicción.

 

Los dictámenes de la Reforma petrolera y las trece líneas rojas.

Comité Asesor del FAP para la Reforma Petrolera

 

Concluidos los proyectos de dictámenes de las iniciativas de reforma petrolera a cargo de las Comisiones Unidas de Energía y Estudios Legislativos del Senado, puede ya formularse una primera apreciación de la medida en que dichos dictámenes satisfacen las objeciones planteadas en las “trece líneas rojas”. Como se recuerda, en junio último, el Comité de Intelectuales por la Defensa del Petróleo dio a conocer el documento “Las trece líneas rojas de la reforma petrolera”, destacando sus objeciones mayores a la iniciativa oficial de reforma petrolera. Fue publicado por La Jornada.

Para este análisis se han tenido a la vista los textos de los dictámenes sobre las iniciativas de reformas a la Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional en Materia de Petróleo (LR27C) y a la Ley de Petróleos Mexicanos (LPMX) publicados el 21 de octubre la Gaceta del Senado.

 

Primera: autorizar la asignación por invitación restringida o adjudicación directa de contratos de obras y de prestación de servicios para realizar actividades sustantivas, incluyendo exploración y desarrollo, refinación y petroquímica básica.

Se limitó y acotó la posibilidad de asignar contratos por invitación restringida o adjudicación directa. En el artículo 57 de la LPMX se establece que ambas formas requieren dictamen previo del Comité competente del Consejo de Administración. Los de asignación directa sólo serán admisibles en tres casos: trabajos de emergencia, contrataciones conectadas con servicios jurídicos y los necesarios para mantener la garantía de los equipos. Los de invitación restringida, con tres participantes, podrán usarse para el desarrollo de innovaciones y los servicios de consultoría y asesoría. Se eliminaron las disposiciones más lesivas en materia de contratos contenidas en la iniciativa oficial (remuneraciones fijas o variables, determinadas o determinables, contratos incentivados). Se prevé que los contratos puedan incluir compensaciones adicionales –que deben estar establecidas de manera expresa al momento de la firma– en tres casos: si las obras se realizan en menor tiempo, si hay una aportación tecnológica cierta o si de otra manera se amplían las utilidades de Pemex o los resultados de la obra o servicio contratados. Estas compensaciones no deben comprometer porcentajes sobre ventas o producción de hidrocarburos. También se prevén penalizaciones por incumplimiento o daños por parte del contratista. Se insertaron nuevas condiciones limitativas aplicables a los contratos, entre ellas: eliminar la posibilidad de realizar ofertas subsecuentes de descuento y establecer la revisión de algunos contratos por la Auditoría Superior de la Federación y por la Secretaría de la Función Pública. Las bases a que se sujetarán los contratos, que se preveía fueran definidas por el Comité de Transparencia y Auditoria del Consejo de Administración de Pemex, quedan ahora establecidas en Ley.

En conclusión, se eliminaron o limitaron las características más lesivas del régimen de contratos contenido en la iniciativa oficial y, con algunas variantes, en la del PRI. Este régimen de contratos constituía uno de los núcleos privatizadores de esas iniciativas.

 

Segunda: transferir a particulares porciones no determinadas de la renta petrolera derivada de las operaciones de producción de petróleo y gas que se contraten con ellos.

Se convino en estipular (Art 6º LR27C) que, además de establecer siempre remuneraciones en efectivo, en ningún caso se concederá propiedad sobre los hidrocarburos, ni se suscribirán contratos de producción compartida o que comprometan porcentajes de la producción, del valor de las ventas o de las utilidades del organismo.

Con estas salvedades, se conjuró el peligro de que se den transferencias de la renta petrolera derivadas de la contratación con terceros de operaciones de producción de petróleo y gas. Podría aún pugnarse por establecer que esas remuneraciones en efectivo no podrán ser equivalentes a dichos porcentajes o ser calculadas con base en los mismos.

 

Tercera: Acentuar la artificial especialización de Pemex en la extracción de petróleo y gas, entregando al sector privado la elaboración de productos industriales de alto valor agregado.

Se eliminaron las pretensiones más crudas en este sentido, como el establecimiento de empresas filiales estratégicas para refinación y la posibilidad de contratar con particulares los llamados “servicios de refinación”. Se dispuso que Pemex elaborará anualmente las fórmulas de precios de transferencia y a terceros, tomando como referente el precio internacional y, en su caso, ajustes por calidad. Se mantuvo la prerrogativa de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en esta materia.

Por tanto, sigue presente el riesgo de que la administración de Pemex continúe dando preferencia a las actividades de producción primaria, en buena medida orientadas a la exportación, y relegando los demás segmentos de la industria petrolera.

 

Cuarta: autorizar, a trasmano y sin reconocer su verdadero carácter, la celebración de contratos de riesgo…

El régimen de contratos establecido en las secciones Tercera y Cuarta del capítulo IV de la LPMX, incluye las modificaciones esenciales planteadas en la iniciativa del FAP y, como antes se indicó, se eliminaron las disposiciones más lesivas en materia de contratos contenidas en las iniciativas oficial y priísta.

Con este conjunto de disposiciones se evita en lo sustancial la posibilidad de que se suscriban contratos similares a los de riesgo.

 

Quinta: posibilitar el desplazamiento de Pemex y su sustitución por empresas privadas en actividades sustantivas de la industria petrolera.

Este peligro surgía del régimen de contratos –cuya modificación ya se mencionó– y de la posibilidad de que particulares pudieran construir, poseer y operar –por cuenta de Pemex– refinerías, ductos e instalaciones de almacenamiento de petrolíferos y de petroquímicos básicos. Los dictámenes de ambas leyes excluyen esta posibilidad.

Se conjuró el peligro señalado por esta línea roja, eliminando así otro de los núcleos privatizadores de las iniciativas oficial y priísta.

 

Sexta:prever sanciones más rigurosas para Pemex y sus subsidiarias que para los permisionarios privados. En la LR27C se establece un régimen de sanciones que abarca tanto al organismo como a los permisionarios privados (en gas natural) y que, en algunos casos, son más severas para el organismo público que para los permisionarios privados.Desafortunadamente, no se corrigió esta situación.

 

Séptima:abandonar el carácter de empresa petrolera integrada y flexibilizar la estructura institucional de Pemex, en cuanto al número, objeto y permanencia de sus organismos subsidiarios.”La propuesta de un Pemex plenamente integrado no fue acogida. Tampoco fueron aceptadas la iniciativa oficial y la priísta que concebían un Pemex dividido en subsidiarias y filiales estratégicas. La LPMX indica que el Ejecutivo podrá crear, a propuesta del CA, organismos subsidiarios. Además, en plazo de un año, el CA propondrá un programa de reestructuración del organismo. De manera similar a lo establecido en la actual Ley Orgánica de Pemex, se prevé que para las actividades no reservadas en forma exclusiva a la Nación podrán constituirse empresas filiales.Se frenó  la tendencia a balcanizar al organismo, pero no se logró consolidarlo como entidad integrada.

 

Octava:establecer la ‘creación de valor económico’ como objetivo central.” En el párrafo final del Art 7 de la LPMX se mantiene esta noción, aunque se agrega una serie de criterios y objetivos de más amplio alcance, tomada de la iniciativa del FAP, que recoge conceptos como soberanía y seguridad energética, entre varios otros Con la adición mencionada, queda satisfecha la preocupación planteada.

 

Novena:proponer un Consejo de Administración de Pemex [cuyas características] lo tornan funcional sólo para los propósitos privatizadores, pero no para una gestión eficiente del organismo.

Integración – Se prevé un Consejo de Administración (CA) de 15 miembros (6 del gobierno, 5 del sindicato y 4 profesionales), derivado de la iniciativa oficial. Se eliminó la idea de consejeros profesionales de tiempo parcial, que era inaceptable. El CA estará auxiliado por siete comités que llevarán a cabo tareas relevantes y estarán presididos por uno de los consejeros profesionales, a los que se considera servidores públicos.

Designación– Los seis consejeros del gobierno serás nombrados libremente por el Ejecutivo; el nombramiento de los consejeros profesionales se sujeta a la ratificación del Senado. No se aceptó la idea de consejeros trabajadores electos: cinco serán designados por el Sindicato.

Transparencia– Se relega al Reglamento la definición de las normas para la difusión de los acuerdos y de los votos particulares.

Discrecionalidad– Se revisaron a fondo las facultades del CA y se combinaron las diversas propuestas presentadas a este respecto (Ver Art. 19 de la LPMX). En suma, el modelo de CA adoptado recoge elementos de las diversas iniciativas y acota sus facultades, estableciendo mejor las responsabilidades de sus miembros, incluidos los consejeros profesionales, y reduciendo la discrecionalidad

presente en la iniciativa oficial. Las otras deficiencias señaladas se corrigieron en  parte.

 

Décima:conceder protección extralegal a favor de los miembros del CA y del director general. Se mantiene la protección (Art 43, párrafo segundo de la LPMX), aunque se excluyen de ella los quebrantos causados al organismo por actos dolosos, de mala fe o ilícitos de los miembros del CA y del director general. Con la exclusión señalada se supera, en lo esencial, el defecto anotado.

 

Undécima: emitir ‘bonos ciudadanos’ como un primer paso hacia la bursatilización de una parte del capital de Pemex.  El dictamen recoge la propuesta a este respecto de la iniciativa oficial, compartida por el PRI, sin ninguna modificación sustantiva. Esta línea roja se desestimó por completo.

 

Duodécima: aceptar ‘la aplicación del derecho extranjero [y] la jurisdicción de tribunales extranjeros en asuntos mercantiles’ es absolutamente improcedente e inaceptable.” El segundo párrafo del artículo 6º de la LR27C supera esta preocupación. Lo estipulado en este párrafo regirá el ejercicio de la facultad contenida en el segundo párrafo del Art. 72 de la LPMX, referida a asuntos mercantiles en el extranjero.Quedó evitado este grave riesgo.

 

Decima tercera – orientar la modificación de la Ley Federal de Derechos aplicables a Pemex a estimular, con un trato fiscal benigno, la explotación de campos difíciles (Chicontepec y aguas profundas) cuya exploración y desarrollo muy probablemente sea contratada con empresas privadas, extranjeras o nacionales.”Este derecho preferencial se mantiene, exclusivamente para Pemex, en la versión reformada de la Ley Federal de Derechos. Las concesiones fiscales establecidas favorecerán a Pemex.

En suma, con las reformas propuestas se consiguió resolver las dificultades planteadas en las líneas rojas 1ª, 2ª, 4ª, 5ª, 8ª, 10ª, 12ª y 13ª (ocho en total).   

Se atendieron sólo en parte las cuestiones correspondientes a las líneas 3ª, 7ª y 9ª (tres en total). 

Se desatendieron por completo las relativas a las líneas 6ª y 11ª (dos en total).

 

Miembros del Comité Asesor del FAP para la Reforma Petrolera consideran que el complejo proceso de negociación realizado en las comisiones de Energía y de Estudios Legislativos del Senado de la República, que registró un vuelco a partir de la presentación de la iniciativa ciudadana por parte del FAP, hasta el momento ha desembocado en un resultado que conjura el peligro privatizador, imposibilita los contratos de riesgo – desnudos o con disfraz – y elimina la mayor parte de las características más lesivas de la iniciativa oficial. Un resultado que puede respaldarse plenamente. Empero será indispensable que el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, del que forman parte, se mantenga alerta y en pie de lucha para frustrar los intentos privatizadores que pueden manifestarse tanto en las etapas restantes del proceso legislativo de la reforma petrolera como más adelante, así como para impulsar una política de largo aliento dirigida a constituir a Pemex en un organismo plenamente integrado.  México, D.F., 21 de octubre de 2008.

 

Rolando Cordera

Javier Jiménez Espriu

Alberto Montoya Martín del Campo

Carlos Tello

Octavio Cortés Gutiérrez

Ifigenia Martínez

Jorge Eduardo Navarrete

 

 

 

Entrevista de Javier Solórzano a Rolando Coprdera Campos 

Tema: L o s   d i c t á m e n e s   d e   l a   i n i c i a t i v a   d e   R e f o r m a   P e t r o l e r a  

( Ver)

 

Acuerdo 

José Woldenberg
Reforma. 23/10/2008



Todo parece indicar que la reforma petrolera será aprobada por la vía del consenso. Contra casi todos los pronósticos, tras largos meses de tensión, recriminaciones mutuas, intensivas campañas de publicidad, movilizaciones populares y debates dentro y fuera del Congreso, los grupos parlamentarios de los distintos partidos parecen haber forjado un acuerdo. Si nada imprevisto sucede es probable que en los próximos días el Legislativo apruebe (casi) por unanimidad siete proyectos de reformas en materia energética. El solo hecho de que aquello que parecía imposible esté sucediendo merece una reconsideración de las potencialidades de la política como fórmula para tender puentes entre antagonistas en principio extremos, y por supuesto de las limitaciones mutuas que la búsqueda del consenso impone.

Los puntos más sobresalientes de las reformas parecen ser los que a continuación se enumeran:

 

1. Se prohíbe la participación de la iniciativa privada en la refinación, almacenamiento, transporte y distribución de hidrocarburos a través de ductos.
2. Se integra un nuevo consejo de administración en Pemex. Su composición será: 6 consejeros gubernamentales, 5 representantes sindicales y 4 "consejeros profesionales" propuestos por el Presidente y aprobados por el Senado. Los sindicales quedarán impedidos de votar asuntos relacionados con el presupuesto de la empresa.
3. La Ley Orgánica de Pemex le otorga autonomía presupuestaria y de gestión para manejar su deuda y celebrar contratos con particulares en las áreas no exclusivas. El plazo para alcanzar la autonomía de gestión de Pemex será de 7 años.
4. Con relación a los contratos con la iniciativa privada las remuneraciones deberán ser en efectivo, no se pueden conceder derechos de propiedad sobre los hidrocarburos, ni se acepta el pago en especie.
5. En relación con las adquisiciones, obras y servicios se mantienen las tres fórmulas tradicionales: licitaciones, invitaciones restringidas y adjudicaciones directas. Pero estas últimas con bases mucho más claras.
6. No se crearán empresas filiales.
7. La Auditoría Superior de la Federación podrá revisar los contratos que realice Pemex en cualquier momento.
8. Se crea el Consejo Nacional de Energía y dos nuevas comisiones: Nacional de Hidrocarburos y Nacional para el Uso Eficiente de la Energía.
9. Se abre paso a los "bonos ciudadanos", pero se prohíbe que las casas de Bolsa puedan comprarlos.
10. Pemex no se podrá someter a la jurisdicción de tribunales foráneos tratándose de contratos de obras y servicios.

La negociación se dio en un marco de profunda polarización política y dentro de un Congreso en el que ninguno de los grupos parlamentarios tiene posibilidad de hacer avanzar sus iniciativas sin el concurso de otros. La aritmética democrática con su potente simpleza impone a la negociación como la única vía transitable. En un principio parecía que los pactos fundamentales se darían entre el PAN y el PRI, pero a partir de las propuestas de reforma presentadas por el Frente Amplio Opositor el escenario se modificó de manera radical. Al final, se construyó una especie de mínimo común denominador que permitirá una serie de reformas sostenidas por las principales fuerzas políticas del país.

Se trata de reformas que expresan un empate político, en el cual los poderes de veto se convirtieron en fundamentales, dado que en la última recta se apostó por un pacto incluyente. Las ventajas del mismo están a la vista: se evita la polarización, se desmonta una espiral de enfrentamientos, se refuerzan las capacidades de interlocución y acuerdo en las Cámaras del Congreso. Sus desventajas también: es probable que ninguna de las fuerzas políticas se sienta del todo satisfecha porque en algún terreno tuvo que ceder.

Estamos ante un producto de los nuevos tiempos mexicanos. Nadie -ni el Presidente ni su partido ni los partidos de oposición- puede hacer realidad, sin mediaciones, su voluntad. Todas las corrientes políticas viven y conviven con otras que ya no ocupan espacios testimoniales y que son imprescindibles para hacer prosperar cualquier innovación legislativa. Esa colonización de los espacios donde coagula la representación por parte de una diversidad política con raíces y fuerza es una realidad novedosa entre nosotros y por ello difícil de asimilar para muchos. Se añora la fuerza del Presidente que legislaba (casi) sin obstáculos, la eficacia y rapidez como se desahogaban sus iniciativas, el coro (casi) unánime que existía antes incluso de conocer la letra de las propuestas del Ejecutivo.

Por fortuna se trata de tiempos idos, autoritarios. Pero por supuesto la política del mínimo común denominador genera a su vez múltiples malestares. Cada corriente política, cada escuela de pensamiento, cada uno de los referentes ideológicos, cada grupo de especialistas, tiene y sostiene sus propios diagnósticos y propuestas, y desespera al observar que no avanzan como ellos esperarían. Sus respectivos caballos -lozanos, impetuosos, de fina estampa- se convierten en camellos luego de que transitan por los sinuosos laberintos del Congreso, es decir, que son modelados por las comisiones donde se expresan, conviven y negocian los representantes de la pluralidad política mexicana realmente existente.

Por lo pronto, para quienes no nos gustan las emociones demasiado fuertes, parece ser que se ha desactivado un intenso conflicto político. Y ello no es poca cosa. Esperemos ahora que las reformas también sirvan para apuntalar a Pemex y con ellas a una economía que requiere crecer por el bien de todos.

 

 

 

Primeras lecciones

Adolfo Sánchez Rebolledo

La Jornada. 23/10/2008

 

En cuanto al acuerdo en referencia a la cuestión petrolera hay algunas lecciones que vale la pena destacar: la primera, y acaso la más importante: hay temas de la vida nacional cuya trascendencia obliga a que los cambios legales se discutan de manera pública y abierta, aunque moleste en ocasiones a quienes dueños del poder se creen también poseedores de la verdad. En una sociedad plural y clasista como la nuestra, el respeto a las formas democráticas no sería nada sin la voluntad de escuchar todas las voces, buscando los mecanismos más adecuados para que esto sea posible.

 

La segunda es que, ciertamente, todos los acuerdos suponen concesiones de las partes. Las victorias absolutas sólo existen como resultado de la “dictadura de la mayoría”, es decir, de la imposición de criterios que, finalmente, son frágiles y cuestionables. La aprobación de las leyes por el Congreso, con los ajustes que aún pueden hacerse para evitarnos futuras sorpresas desagradables, tiene un significado clarificador y positivo: sí vale la pena luchar por una causa justa; arrostrar las campañas infames lanzadas para liquidar al adversario, así como la descalificación instantánea de grandes plumas (y plumajes) que se dicen independientes. La democracia, al contrario de la idea bucólica de algunos, no cancela los conflictos ni tampoco tiene por qué edulcorarlos. Los consensos son posibles, pero no siempre serán viables. Lo más importante es eludir en cualquier caso la mayoría mecánica, fundada en la transa abyecta de concesiones espurias y no en negociaciones abiertas y transparentes

 

En ese sentido, más que un triunfo de las izquierdas, que lo es ciertamente, el acuerdo en una victoria nacional, justo porque viene a reafirmar la irrenunciable necesidad de defender los intereses generales frente a la ambición de unos cuantos. Contra los que argumentaron que ésta era una causa perdida y anacrónica en tiempos de globalización, la realidad de la crisis ha venido a probar que estaban equivocados al diseñar la estrategia de integración a ciegas que por desgracia domina la visión de los gobernantes.

 

Todavía hoy, cuando algunos de los partidarios de la privatización lloran por el acuerdo que llaman light olvidan que el tema a debate era y es  si la modernización imprescindible de Pemex es un recurso para proteger el patrimonio nacional o una simple coartada para rematarlo a las grandes empresas que, en efecto, representan al poder trasnacional que ha llevado al mundo al borde del desastre.

 

Les preocupa que Pemex no se abra a los capitales privados nacionales y extranjeros, pero no les inquieta con parecida intensidad la inexistencia de una política fiscal capaz de reordenar las finanzas públicas sin exprimir los ingresos provenientes del petróleo. Y, sin embargo, como afirmaron con argumentos muy sólidos los especialistas en los foros del Senado, ninguna reforma en el sector energético será suficiente sin la reforma fiscal que durante décadas se ha venido posponiendo para alentar un esquema que no ha traído crecimiento y sí la ampliación de la desigualdad en México.

 

Por lo pronto, como planteaban varios economistas en una encuesta realizada por el suplemento de La Jornada Morelos, El Correo del Sur, la gran tarea pendiente, además de cortar el cordón umbilical con Hacienda, es asegurarse la más completa y rápida modernización de Pemex (la cual implica desde ahora un plan de emergencia), atendiendo también desde ahora la gran cuestión de definir los términos de la “transición energética”, un asunto clave que está en el horizonte de la actual generación.

 

Naturalmente que instrumentar una reforma con estas características llevará tiempo, pero sobre todo hará necesaria que se mantenga la fiscalización pública, pues los ajustes no son menores y hay que evitar a toda costa que en el camino se tuerza la ley, como es costumbre. En otras palabras: no hay que bajar la guardia.

 

Una consideración final: el debate en torno a la cuestión petrolera obliga a pensar si no deberíamos tomarlo como ejemplo para otros asuntos de interés nacional. Pienso, por ejemplo, en la educación. ¿Por qué el gobierno no hizo de la llamada Alianza por la Calidad de la Educación la columna vertebral de una discusión nacional, donde todos los interesados pudieran expresarse con absoluta libertad, en lugar de negociarla de espaldas a la nación? ¿No es hora de que el Congreso asuma que los problemas del magisterio no son temas gremiales (o meramente sindicales), sino asuntos políticos derivados del modo como el SNTE (y otras corporaciones) ejerce el poder que les otorga una viciada y viciosa relación con el poder?

 

La educación es tan decisiva e importante que no puede dejarse a la voluntad arbitraria de quienes sexenalmente toman las decisiones o de los que a perpetuidad cabalgan sobre los maestros. Que la enseñanza sea obligación del Estado obliga, no exime, a la sociedad de discutir sus problemas, todo lo contrario.

 

¿Puede México avanzar en el terreno educativo sin depender de la maestra y sus socios? ¿Pueden los maestros de México hacer en democracia su aportación a la calidad de la educación sin el yugo de la burocracia sindical? ¿Podemos todos hacer algo sin quebrantar los derechos legítimos de los maestros, respetando su trabajo y con sensibilidad hacia sus condiciones de vida? Por lo menos asumamos que ése es un problema político y bastante grave.

 

 

 

Victorias y derrotas en la Reforma Petrolera

Miguel Ángel Granados Chapa

Reforma. 26/10/2008

 

Formado más que su opositor Andrés Manuel López Obrador en la política de corte convencional, el presidente Felipe Calderón es más ducho en su ejercicio: trocó en victoria la casi cabal derrota de su proyecto de reforma energética. En simetría paradójica, el dirigente del Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo se mostró renuente a admitir que sus posiciones centrales salieron avante y convirtió en derrota un triunfo que había comenzado a serlo desde que el Senado imprimió un ritmo y un contenido diversos al planeado para discutir en abril las iniciativas presidenciales.

 

Todavía es tiempo de que López Obrador enmiende la errónea percepción que ha propagado sobre el desenlace de este prolongado y profundo proceso político y legislativo. Podría hacer que la resistencia civil pacífica que el jueves pasado intentó sin éxito impedir la aprobación de los dictámenes respectivos no reiterara esa pretensión en la Cámara de Diputados, donde está previsto que el martes sean aprobadas las minutas senatoriales. Él mismo y sus compañeros y seguidores podrían realizar un vigoroso acto de presencia, de protesta por la consumación de la reforma, pero no procurar dentro ni fuera del recinto que se suspenda la sesión ordinaria, en que se presentarán los dictámenes propios de los diputados, que serán votados a favor por una amplia mayoría, proporcionalmente semejante a la que se expresó en el Senado.

 

Como se hizo allí el jueves pasado, sin obtener respuesta siquiera, se buscará en San Lázaro que López Obrador sea recibido por diputados que escuchen su propuesta de adición al artículo 60 de la Ley Orgánica de Pemex, que ya fue planteada en comisiones y en el pleno del Senado y que busca prohibir expresamente que sea exclusiva la operación de contratistas en las áreas que les sean asignadas para explorar y producir crudo. Se trata de una expresión solicitada ad cautelam, por las dudas, porque no hay en el proyecto aprobado autorización en sentido contrario, pero que López Obrador y senadores perredistas propusieron para que la aplicación de la ley no genere sorpresas surgidas de una interpretación amañada de lo permitido.

 

Aunque es remota la posibilidad de que el dirigente opositor sea recibido y escuchado, su insistencia en este punto puede ser expresada en la sesión de la Cámara, pues no son pocos los legisladores que están en posición y disposición de presentarla, aunque con mayor razón que en el Senado la moción será desechada por la mayoría de panistas y priistas. Admitirla ahora significaría devolver el proceso a Xicoténcatl, extremo al que nadie está dispuesto a llegar. Pero ni aun esa negativa justificaría presiones políticas y físicas que buscaran reventar la sesión desde la calle o tomando la tribuna, porque el texto que se busca adicionar no contiene un riesgo expreso, real y presente para los intereses que defienden los proponentes de ese agregado. Esas presiones, por lo demás, serían estériles. Como ocurrió en abril, como sucedió el jueves pasado, los trabajos continuarían en una sede alterna, en que los opositores a la reforma perderían por ausencia el uso de la palabra, instrumento esencial de su función.

 

Desde que la Convención Nacional Democrática lo designó presidente legítimo, quedó claro que López Obrador ejercería ese modo particular de oposición en dos vías, con dos instrumentos, dualidad que sería eficaz en la medida en que se complementaran y que resultaría lo contrario en cuanto se estorbaran y chocaran.

 

La movilización social y la acción parlamentaria -ésas son las dos herramientas de que dispone esa vasta corriente política- consiguieron frenar el espíritu privatizador de la reforma calderonista que esa porción de la sociedad juzgó lesivo para el país. Los legisladores del PRD se sintonizaron con López Obrador a pesar de que la mayoría de ellos, en una y otra Cámaras, son reticentes a las posiciones del ex candidato presidencial dentro de ese partido. Durante meses, en que el perredismo ha vivido discordias extremas, el único espacio común que compartían las corrientes antagónicas -Nueva Izquierda e Izquierda Unida, esta última afín a López Obrador- ha sido el de la defensa del petróleo. Por eso se explica que, tras el debate social conseguido por esa unión de fuerzas, la actuación propiamente legislativa se nutriera de la participación social auspiciada por López Obrador: un comité de expertos preparó una propuesta ciudadana bendecida por los dos polos del instrumental de esa porción de la izquierda, al punto de que fue acogida y presentada como iniciativa suya por el PRD (y el PT y Convergencia, que forman el Frente Amplio Progresista, FAP). El propio comité de expertos fue llamado por los grupos parlamentarios que le habían expresado su confianza para que los acompañara con su asesoría en la discusión de los dictámenes. De ese modo, tal comité se convirtió por aprobación implícita de la movilización social y los legisladores en aval de lo que estos últimos acordaran y en garantía de que no procedieron "en lo oscurito", en la penumbra donde se pacta la ilegalidad. Y el inequívoco, clarísimo veredicto de los expertos, fue que la reforma "puede respaldarse plenamente".

 

No dejaron de señalar pendientes y riesgos, y aun de enumerar líneas de acción para enfrentarlos, pero resultaba claro que la movilización social no debería recorrer rutas distintas de la acción parlamentaria. Y sin embargo, López Obrador no acogió la recomendación de los ciudadanos en los que confió y no respaldó "plenamente" la reforma, sino que condujo al rumbo contrario a la asamblea informativa donde ese dictamen había sido expuesto, a desconocer que su movimiento y sus legisladores, juntos, habían obtenido "un resultado que conjura el peligro privatizador, imposibilita los contratos de riesgo -desnudos o con disfraz- y elimina la mayor parte de las características más lesivas de la iniciativa oficial", para decirlo en palabras del embajador eminente Jorge Eduardo Navarrete, que durante más de 30 años sirvió de otros modos y en otros espacios a la misma causa nacional a la que ahora contribuye con su saber y pasión.

 

En vez de permitir que se ahonden las diferencias entre el sector radical de su movimiento y los legisladores, y aun con el partido que presidió, el curso futuro de las acciones de López Obrador debería incluir la cosecha de la semilla de concordancias que la defensa del petróleo le propició con sus antagonistas dentro del partido. Reticente como es a la negociación, desdeñoso con razón de las conductas convenencieras, no debe refugiarse en la zona estrecha y marginal contraria a la acción parlamentaria sino recuperar la eficacia del uso de sus dos instrumentos. No puede permitirse angostar el espacio de su acción política manteniéndose a las afueras del Congreso, impugnando y descalificando su funcionamiento siendo que puede contar para sus propósitos explícitos con una fuerza parlamentaria que podría no perdurar después de las elecciones de julio próximo.

 

Tendría que actuar en ese ánimo si no conciliatorio al menos no rupturista para frustrar a sus adversarios que ya paladean su arrinconamiento en el PRD y hasta una fractura que lo deje fuera. Al reaccionar hábilmente ante su derrota parlamentaria, a la que vistió de victoria para festejarla, Calderón alentó las diferencias internas en el PRD felicitando expresamente a su fracción senatorial por haberse sumado a la reforma. A los oídos de los extremistas eso constituye el beso del diablo, la más cabal demostración de que los legisladores de Nueva Izquierda son colaboracionistas traidores, a pesar de que la evidencia en este caso los muestra como eficaces negociadores de un propósito compartido por el segmento radical.

 

El triunfo de la política, de la negociación en que por convicción o respondiendo a presiones lícitas se da y se pide, se logra y se concede, que es el balance positivo de este episodio, se vio disminuido y afeado por la presencia de Genaro García Luna en el Senado. El secretario de Seguridad Pública no es el jefe de la Policía Federal Preventiva y por lo tanto infringió la ley todavía vigente de ese cuerpo al dar órdenes a quienes no le están subordinados y agredían a diputados sin derecho a entrar a la sesión senatorial pero con derecho a no ser golpeados.

 

 

 

Reforma Petrolera:(una posición desde el PRD)

Javier González Garza
Reforma. 01/10/2008

 

La democracia no se puede resumir en un solo día de elecciones, la democracia de nuestro país se robustece diariamente con la constante y creciente participación social de la ciudadanía en los asuntos públicos. Dicha participación impidió la privatización de Pemex que propuso Calderón.

 

Esa sociedad movilizada tiene rostros de mujeres y hombres organizándose en la resistencia civil, en zócalos llenos una y otra vez, en tribunas tomadas y también en el trabajo legislativo eficiente y por la unidad de la izquierda.

 

El 8 de abril Felipe Calderón presentó al Senado su propuesta privatizadora, por esa razón las bancadas del Frente Amplio Progresista iniciaron el movimiento de resistencia civil que ocupó las tribunas durante 16 días en las dos Cámaras del Congreso de la Unión. Las acciones dentro y fuera del Congreso informaron al país sobre este tema y convencimos. Levantamos la protesta tras lograr un acuerdo para celebrar el debate nacional sobre la reforma de Petróleos Mexicanos. Los 72 días de discusión constituyeron uno de los procesos más importantes de la historia legislativa contemporánea de México. La consecuencia fue una sociedad enterada que rechazaba la privatización.

 

El 25 de agosto, legisladores del Frente Amplio Progresista y el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo presentamos una iniciativa alternativa, en la cual participaron destacados intelectuales y expertos en energía. Propusimos la autonomía de Petróleos Mexicanos, eliminar los Pidiregas y usar el superávit de la paraestatal para inversión, además de la construcción de una nueva refinería. Añejas propuestas del PRD, en las que ahora nos han dado la razón.

 

Debemos decir de esta experiencia legislativa que un asunto de enorme importancia se trató con la responsabilidad que ameritaba, sin precipitaciones, dándole el tiempo para que el resultado valiera la pena y significara una mejora en las reglas con las que opera Petróleos Mexicanos.

 

Al concluirse el proceso legislativo en el Senado, se eliminaron los elementos privatizadores del dictamen final. Además, conseguimos que se diera a Pemex autonomía técnica, presupuestal y de gestión.

 

Respecto al gobierno interno de Pemex, aceptamos la incorporación de cuatro nuevos consejeros profesionales, pero a diferencia de lo que proponían otros, logramos que dichos consejeros fueran ratificados por el Senado y estuvieran sujetos a la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos.

 

Se aceptó la flexibilización de normas para adquisiciones y obra pública por parte de Pemex, pero simultáneamente se impuso mayor vigilancia, transparencia y rendición de cuentas, ampliando las facultades de revisión de la Auditoría Superior de la Federación.

 

Otro gran tema fue la regulación, a profundidad y detalladamente, del alcance de los contratos que puede firmar Pemex. A diferencia de los contratos de riesgo que pretendían, cuyo fin privatizador apenas estaba encubierto, conseguimos que todo contrato sea pagado en efectivo, sin comprometer el control y la propiedad de los hidrocarburos, tampoco se compromete el uso de la renta petrolera, la cual queda plenamente protegida como propiedad exclusiva de la nación.

 

Existen varios aspectos particulares incluidos en los dictámenes, en los que no estuvimos de acuerdo. Tales cuestiones podrían haber sido corregidas durante el proceso de dictaminación, pero la terquedad o los intereses del PRI y del PAN lo impidieron. Por ello, la denuncia en las calles no sólo es correcta, también es legítima.

 

Los bonos ciudadanos de Pemex son otra forma de inversión. Su remuneración no está representada por una tasa de interés, sino que se vincula a los resultados de Pemex. Aunque los tenedores de esos bonos no tendrán derechos corporativos sobre Pemex, es decir, no podrán influir en las decisiones de la empresa, sí tendrán derecho a una parte de la renta petrolera, antes que todos los demás dueños, es decir, antes que todos los mexicanos.

 

El PRI y el PAN mantuvieron su negativa de agregar una última fracción al artículo 60 de la Ley de Pemex, donde se definen con detalle las características que deberán guardar los contratos que firme esa paraestatal. El texto propuesto para esa fracción es el siguiente: "No se suscribirán contratos de exploración o producción que contemplen el otorgamiento de bloques o áreas exclusivas". No explicaron públicamente el porqué de su negativa a incluir este apartado en el articulado de la ley.

 

Otra gran objeción que sostenemos se refiere al dictamen de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, donde se cambia la expresión "energía nuclear" por la de "materiales radioactivos". Ese cambio no sólo contradice el espíritu y la letra del artículo 27 constitucional, sino que puede dar cabida a una posible privatización del uso de la energía nuclear.

 

Nuestra lucha pacífica, en la que no se rompió un solo cristal, demuestra a la sociedad y a nuestros críticos que luchar no implica destruir, sino construir. Los acuerdos logrados son huella de esto.

 

 

 

 

La cultura de la derrota: un déjà vu

Ciro Murayama

Reforma. 24/10/2008

 

El que buena parte de la iniciativa presidencial en materia energética se haya desechado y que, a cambio, las principales preocupaciones de la oposición se hayan atendido en la negociación de los grupos parlamentarios en el Senado no hacía sino recoger la realidad política y los equilibrios democráticos que marcan al país. La oposición de izquierda (esa que se quedó a menos de un punto porcentual de hacerse con la Presidencia de la República), con sus legisladores y con el recurso de la movilización popular -si bien el expediente de la "toma de tribunas" me resultó y resulta arbitrario e innecesario, no así por supuesto las marchas, mítines y asambleas-, pudo hacer valer su agenda, modificar la propuesta del gobierno y construir una salida satisfactoria. Podría decirse que en eso podría -o debería- consistir la "normalidad democrática" en un país dividido en el voto ciudadano: ni el gobierno impone ni la oposición es excluida de las decisiones fundamentales, y esa dinámica se expresa a través de las instituciones donde está genuinamente representada la voluntad popular, esto es, en el Congreso.

Hubiera sido deseable un escenario similar en otros asuntos nodales, por ejemplo, en la discusión de las reformas al ISSSTE. En ese caso, el gobierno avanzó sin que se diera una discusión abierta acorde con la importancia del tema, en el Congreso el PRD se opuso de una manera más bien testimonial, y las movilizaciones fueron dispersas, protagonizadas por organizaciones gremiales con un discurso extraviado desde hace tiempo.

Por lo anterior, el hecho de que se anunciara el martes de esta semana un acuerdo entre todos los grupos parlamentarios, que se hacía cargo de las demandas del FAP y de lo que había reclamado el movimiento encabezado por López Obrador, demostraba una ruta de política constructiva por la que, sin olvidar agravios -reales o inventados- y las profundas diferencias, podría transitarse en estos tiempos tan convulsos para el mundo.

Además, y no es menor cosa, el acuerdo donde el PRD jugó un papel activo podría ayudar a ese partido a recuperar el terreno perdido ante el PRI, que se había convertido en el fiel de la balanza legislativa y en el beneficiario electoral del encono PRD-PAN.
Pero lo que era una victoria para el PRD y López Obrador dejó de serlo en unas horas y se volvió nuevo tema de disputa interna, desgaste político y animadversión ajena.

El contenido de las iniciativas a votar en el Senado, que era "plenamente aceptable" de acuerdo con el embajador Jorge Eduardo Navarrete, a la mañana siguiente implicaba, según López Obrador, que: "se enajenan… kilómetros cuadrados de territorio nacional… para empresas extranjeras". O se trata de dos documentos diferentes, que no es el caso, o la opinión de los especialistas, convocados por el FAP y que participaron en los foros del Senado con una visión crítica de la iniciativa oficial original, al final resultó intrascendente para una estrategia que se revela preconcebida y, en buena parte, autorreferencial, donde las concesiones de los otros y el cambio de la situación poco pesan.

La decisión de López Obrador me genera cierto déjà vu de una izquierda radicalizada, renuente a los triunfos. "La cultura de la derrota", denominó Ricardo Becerra a la actitud de los grupos ultras del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) luego de que una huelga (en el ya remoto 1987) consiguiera las dos demandas centrales del movimiento: la cancelación de las reformas (del entonces rector Jorge Carpizo) y la celebración de un congreso general universitario. Costó mucho levantar esa huelga, pues había una extendida lógica de que reconocer la victoria propia podría entrañar el riesgo de "desmovilizar y hacerle el juego a rectoría". Por supuesto, la reforma universitaria importaba nada. Años después, cuando el radicalismo estudiantil se hizo hegemónico, esa experiencia tuvo un segundo episodio que fue a peor: el llamado Consejo General de Huelga (CGH) en 1999 se constituyó en la UNAM para frenar una "reforma neoliberal" del rector Barnés -cobrar cuotas a los estudiantes que las pudieran pagar-. De nuevo, tras una huelga, la demanda del movimiento se cumplió y la reforma fue cancelada. Pero la huelga no se levantó… nunca. Casi un año con la Universidad cerrada por un movimiento cada vez más ultra, cada vez más violento incluso. Y es que la cultura de la derrota, instalada en el "todo o nada", tiene una derivación directa en posiciones autoritarias, así sea autodestructiva. Ese movimiento estudiantil se desprestigió, engulló a sus propios líderes y perdió toda brújula. No supo ganar.

Hay un problema ético en la política cuando los fines justifican los medios, pero también cuando los medios son el único fin. En la política tradicional ese es el caso de quienes buscan el cargo público, el puesto, o el poder en sí mismo y no por lo que se puede hacer desde él. Cuando la movilización es el propio fin el problema ético no desaparece, pues las causas se desdibujan o son meros pretextos.

Hay que honrar, eso sí, a quienes pusieron su talento en la construcción de una propuesta de consenso. Y, por supuesto, a los legisladores del PRD que respetaron la palabra empeñada y el acuerdo transparente.

 

 

 

Promete Kessel recuperar crudo (Una posición desde el gobierno)

Mayela Córdoba y Alma Hernández

Reforma. 30/10/2008

 

Con la aplicación de contratos incentivados contemplados en la reforma aprobada por el Congreso, Pemex podrá recuperar su producción de 3 millones de barriles diarios al término de la presente Administración, aseguró Georgina Kessel, Secretaria de Energía.

 

"No digo que en este momento, pero sí es factible alcanzarla. La meta de 3 millones de barriles, incluso un poquito más, la podemos alcanzar hacia 2012", dijo en entrevista.

 

La funcionaria descartó que vaya a revisarse ese objetivo a la baja, aunque aclaró que el próximo año es muy difícil lograr un repunte en la producción.

 

"Esperaríamos que vaya creciendo la producción hacia los niveles que teníamos programados, ahora, esto también dependerá mucho del análisis que realice el Consejo Nacional del Petróleo en materia de tasa óptima de explotación y qué tenemos que estar haciendo en materia de restitución de reservas", subrayó la funcionaria.

 

Explicó que el nuevo sistema de contratación le da mayor flexibilidad a Pemex y puede utilizarse para todas las actividades de la industria petrolera, incluso para la nueva refinería anunciada por el Presidente Felipe Calderón.

 

"La construcción de la refinería puede ser algo que se contrate para realizarse por privados, ya de hecho desde ahora".

Aclaró que de acuerdo con el artículo 60 de la virtual Ley de Pemex, todas las actividades de la industria petrolera no restringidas por la ley pueden echar mano del nuevo esquema de contratación.

 

"Estos contratos aplican a todas las actividades de la industria petrolera; en todas las que están definidas por la ley, refinación, transporte, almacenamiento, petroquímica; en todos los que requiere Pemex para que su trabajo sea más eficiente", planteó.

Detalló que el modelo de contratos incentivados podría llevarse entre 8 y 12 meses, lo que significa que será hasta 2010 cuando se pueda tener el primero, ya firmado, aunque los resultados se verían entre tres y cinco año.

 

El esquema de modernización de Petróleos Mexicanos necesariamente modificará las relaciones de la empresa con el sindicato petrolero, y llevará a la paraestatal a mejores niveles de productividad, confió la Secretaria Kessel.

 

"El proceso de modernización es integral, que por supuesto llevará a la mejora de todos los trabajadores de Pemex, no exclusivamente de la parte sindical", precisó.

 

Uno de los efectos de la modernización es la utilización del personal que está cobrando sin laborar.

 

"Requerimos mejoras en capacitación en donde exista personal sin materia de trabajo, que puedan entrar a otras áreas donde nos estén haciendo falta", afirmó.

 

'Cambio de piel'

 

Con la reforma, ahora Pemex tendrá su propio sistema de compras y contratación, y autonomía para endeudarse.

 

SITUACIÓN ACTUAL

CON LA REFORMA

Capacidad de ejecución

· Los mecanismos de pago desincentivan la participación de contratistas y Pemex debe desarrollar sola proyectos de gran complejidad. En aguas profundas ha perforado seis pozos en seis años.

· Se establecen contratos de servicios en áreas delimitadas, con incentivos para premiar una mayor producción o ejecución del proyecto. Los contratos son extensivos a todas las actividades.

Adquisiciones y obra pública

· Pemex está sujeta a las leyes de adquisiciones, arrendamiento, obra pública y servicios que lo mismo sirven para comprar un lápiz que una plataforma petrolera.

· Se establecen sistemas diferenciados para actividades relacionadas con la industria petrolera ligada a precios de referencia internacional y otro para las compras de material de oficina.

Contenido nacional

· No existe un porcentaje de contenido nacional definido por ley.

· La meta inicial es de 40 por ciento y se asignan recursos vía Nafin para desarrollar la proveeduría nacional.

Flexibilidad presupuestal

· Actualmente, Pemex depende de la autorización anual de la Secretaría de Hacienda para el uso de sus recursos y planeación de largo plazo.

· Tendrá autonomía para utilizar sus recursos, pero debe cumplir con metas de productividad y no aumentar su gasto en servicios personales.

Régimen fiscal

· Toda la producción de petróleo tiene una deducción fiscal pareja de 6.5 dólares por barril de crudo y de 2.7 dólares por millar de pies cúbicos en gas natural.

· Con la reforma se aplican tasas diferenciadas de 11 dólares por barril para Chicontepec y de 16.5 dólares en aguas profundas. El resto queda igual.

Deuda

· Pemex coloca deuda con la autorización de la Secretaría de Hacienda y la garantía de las finanzas públicas.

· Queda facultada para contratar financiamientos, sin la aprobación de Hacienda.

 

 

 

El reventador

Raúl Trejo Delarbre

emeequi

 

Si López Obrador hubiera sido presidente, es altamente posible que el gobierno hubiera aceptado la participación de inversionistas privados en tareas de expansión y modernización de Pemex. Así lo anticipaba su “Proyecto Alternativo de Nación”. Pero como la iniciativa legal para que esa inversión fuera posible la presentó por Felipe Calderón, entonces se le tildó de antipatriótica, neoliberal y embaucadora.

 

No es esa la única, ni la más importante, de las inconsecuencias del cada vez menos denominado “presidente legítimo”. Pero permite ilustrar las torceduras de la discusión que se libró durante varios meses en torno a la reforma petrolera.

 

Las propuestas del gobierno fueron ideologizadas. Más que opciones técnicas y financieras, se discutieron escenarios maniqueos. Ante la indolencia argumental del gobierno que pretendió defender sus posturas a golpes de spots pero sin explicaciones ni datos claros, terminó por predominar el activismo retórico y callejero de sus antagonistas. Tanto así, que ahora el presidente Calderón festeja la reforma que aprobaron los partidos y que es notablemente más limitada y modesta en comparación con la que él propuso en abril pasado.

 

La reforma tiene avances que no son desdeñables. Pemex podrá desarrollarse sin que el país signifique un lastre para esa empresa y tendrá nuevos espacios de supervisión y gestión. Pero no se ha precisado de qué manera compensarán las finanzas públicas el boquete que abre la ausencia del respaldo hasta ahora otorgado por la renta petrolera.

 

Tampoco es claro si los recursos que deje de entregarle al Estado serán suficientes para que Pemex –sobre todo ahora que se desplomó el precio del crudo– emprenda las tareas de exploración y expansión a las que se pretendía apuntalar con inversión privada. Varios de quienes, dentro y fuera del gobierno, sostuvieron durante varios meses que únicamente la asociación con empresas privadas le permitiría a Pemex buscar y extraer crudo en aguas lejanas y profundas, ahora se dicen satisfechos con la reforma. Exageraron antes, o mienten ahora.

 

Para mentiras, sin embargo, las de López Obrador. Nunca quiso promover reformas de ley. Por varios meses, apostó a un discurso remolón y equívoco. Su único afán era bloquear las propuestas del gobierno y hacer de este largo y complejo episodio un nuevo fracaso para Felipe Calderón. Por eso, como relata el espléndido reportaje publicado la semana pasada en emeequis,  cuando le explicaron los avances que el PRD y la propuesta diseñada por varios especialistas habían logrado en la negociación con otros partidos, el ex candidato presidencial insistió: “¿Y no hay manera de reventar la reforma?”.

 

Esa, la de reventador, es la vocación en la que ha resuelto encasillarse López Obrador. A los dirigentes de la corriente renovadora dentro del PRD, que promovieron cambios importantes en la reforma petrolera, les costó varios desencuentros y desaires constatar que con ese personaje es imposible hacer política. Aun está por verse, sin embargo, si se hacen cargo de ese aprendizaje o terminan disimulándolo como han hecho en otras ocasiones.

 

También aprendieron algo de la reticencia de López Obrador y los suyos para respetar acuerdos los diputados que aceptaron recibirlo el martes 28 de octubre, horas antes de aprobar la reforma petrolera. Quizá llegaron a suponer que la comparecencia en San Lázaro del personaje que dos años antes mandó al demonio a las instituciones, tendría un pedagógico simbolismo. Sin embargo la cara dura de López Obrador está a prueba de cualquier ejercicio de memoria y congruencia. Llegó a endosarles a los legisladores un rosario de exigencias y amenazas. Más tarde, los diputados que le siguen siendo incondicionales ocuparon la tribuna para entorpecer los trabajos de la Cámara.

 

Hay quienes consideran que, gracias a la intensa exposición pública y a la docilidad con que los medios de comunicación se mimetizaron a su agenda en los días recientes, quien más réditos políticos cosechó en este proceso fue López Obrador. Pero si recordamos que al “presidente legítimo” no le interesaba promover modificaciones legales sino impedir cualquier reforma, quizá se pueda advertir que, en realidad, López Obrador es el gran perdedor de este episodio. Por lo menos, y a pesar de la vocinglería de sus seguidores más exaltados, parece claro que se está quedando cada vez más solo.