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El debate público

Salarios: Lo que empobrece a la nación

 

 

 

Ricardo Becerra

La Crónica

25/03/2018

 

«Cuesta trabajo explicar, cuesta trabajo a veces poder ejemplificar a la sociedad, el beneficio de las reformas estructurales”, prorrumpió, lamentando, el presidente Peña Nieto, la semana que termina.

Está por hacerse un balance de los resultados reales de esa catarata de 11 grandes cambios (unos buenos, otros bastante malos) cultivados en el Pacto por México, pero si nos atenemos a los resultados gruesos, el balance no es positivo.

Concentrémonos en la gran noticia del sexenio. Cierto que las estadísticas del empleo son extraordinarias: 113 mil 722 empleos formales se registraron al IMSS en enero, cifra 4.5 por ciento superior a la del mismo mes en 2017 y es la más alta en 11 años, nos lleva ya a niveles previos a la crisis financiera. ¿A cantar aleluyas?

No, por desgracia: la tasa de crecimiento del empleo en 2017 fue de 4.3 por ciento, pero la tasa de crecimiento económico se quedó en el 2.1 por ciento. ¿Cómo es posible que la economía apenas asome la cabeza y no obstante el empleo más que la duplica? Pues porque no estamos hablando —sobre todo— de creación de empleos nuevos, sino de formalización —vía outsourcing, contrataciones más baratas y despido fácil. ¿El resultado? El número de trabajadores que ganan el salario mínimo es la franja que más crece, para llegar a 7 millones 926 al cierre del año pasado (cifras de INEGI). Un incremento anual de ¡6.4 por ciento! Dicho de otro modo: el empleo y el deterioro del empleo crecen, y mucho.

En parte esta dinámica explica las cifras que —también esta semana— difundió el Coneval: en los últimos ocho años, 2.9 millones de compatriotas dejaron de ser pobres extremos, santo y bueno; pero 3.9 millones de personas engrosaron las filas de la pobreza a secas.

Veámoslo más de cerca: hubo una salida de la miseria porque se amplió el acceso a los servicios de salud y hubo más vivienda esencialmente social. Siguiendo al Coneval, diríamos: la acción compensatoria del Estado funciona, con muchas dificultades, pero es la que explica la reducción de la pobreza extrema. El problema principal está en otra parte: en el mercado, en el mundo del trabajo, circuito en el cual “el ingreso de los hogares ha tenido una trayectoria errática” (Coneval).

El problema son, pues, los salarios, el hecho antieconómico de que trabajar no te salva de la pobreza. Y aún más: las grandes tendencias muestran que en este mundo al revés, los salarios en México, al achicarse, te acercan a la pobreza.

Un estudio del Centro de Investigación en Economía y Negocios, del Tec de Monterrey, exhibe que quienes ganan dos, tres y hasta cinco salarios mínimos se han reducido; llamativamente, el segmento que se estrecha más es precisamente el de los mejores salarios (más de 5 salarios mínimos), ¡23.2 por ciento menos en un año!, para seguir bajando y, por lo tanto, para arrimar a los trabajadores en los linderos de la pobreza.

Está por hacerse un estudio que lo demuestre, pero mi hipótesis es que los 3.9 millones de nuevos pobres vienen de abajo (los que escaparon de la miseria extrema, sí), pero también de arriba: los que antes ganaban más pero dadas las condiciones de la nueva ley laboral, han de contentarse con una remuneración inferior (y con mayor inestabilidad).

De modo sumario: lo que está empobreciendo a la nación es la política salarial. Recomienda el Coneval: “Aumentar el salario mínimo de manera constante y moderada usando el mecanismo denominado Monto Independiente de Recuperación (MIR) propuesto por la Conasami, que ha sido empleado en los dos últimos años”. Claro, se trata de usarlo en serio, sostenidamente, como un compromiso público y de Estado.

53.4 millones de personas en pobreza, debería avergonzarnos. Y 9.4 millones en pobreza extrema, es sencillamente inaceptable. Pero en esas estamos. Por cierto, no escuché a ningún candidato decir pío frente a estas cifras tan dramáticas.

El Presidente tiene razón: las reformas estructurales han sido mal explicadas, pero hay algo mas de fondo, pues en conjunto, también han sido portadoras de expectativas fallidas, pues ni ellas ni la política social en curso han sido capaces de contener a la pobreza. Y es que la pobreza crece, se reproduce y multiplica, todos los días, en el lugar de trabajo, donde se ofrecen salarios cada vez más deprimidos.

Mientras tanto, leo en la prensa: Colombia, desde 2010, sacó a 4.7 millones de personas de la pobreza. Pues sí: más que duplican nuestro salario mínimo.