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El debate público

Trump y la gallina de los huevos de oro

María Marván Laborde

Excélsior

19/01/2017

A menos de 24 horas de que Donald Trump tome posesión, el nerviosismo mexicano se incrementa y los mercados siguen respingando. Tenemos la certeza de que la relación bilateral México-Estados Unidos se alterará de manera definitiva, probablemente la situación geopolítica mundial también. Internamente, es un momento de crisis, Peña Nieto tiene 12% de aprobación y recién nos ha avisado que murió la gallina de los huevos de oro.

El diagnóstico es crudo y la explicación parca. Justifica así el alza en los precios de la gasolina. Nadie asume responsabilidad, sin embargo cuesta trabajo aceptar que haya fallecido de muerte natural. ¿Cómo olvidar el sexenio de López Portillo, en el que nuestro problema sería administrar la riqueza? Hoy es evidente que ni administramos la riqueza ni mucho menos invertimos en el futuro.

Junto con la gallina petrolera, la gallina del libre comercio y la gallina del turismo, si no han muerto, están gravemente enfermas. La gallina petrolera dejó de dar huevos de oro por el manejo que los gobiernos priistas y panistas hicieron de Pemex. Los excedentes de Pemex fueron utilizados por décadas para cubrir el déficit fiscal, frente a un gasto público siempre en expansión. El sindicato petrolero goza de prestaciones laborales insostenibles, condiciones de jubilación irresponsables, concesión en exclusividad para distribuir la gasolina en pipas a lo largo y ancho del país. Estratégicamente, nuestros gobiernos decidieron depender de Estados Unidos para refinar la gasolina. Hay total impunidad para los huachicoleros que diario ordeñan los ductos de Pemex.

La gallina del Tratado de Libre Comercio también está amenazada de muerte. No podemos negarlo, el desarrollo de algunas industrias ha sido muy exitoso. El ejemplo más trillado es el de la automotriz; en dos décadas instaló una cadena productiva con un alto nivel de logística y desarrolló recursos humanos muy competentes a nivel mundial.

La cancelación de nuevas inversiones es una realidad que ya nos pone en riesgo. También hay que reconocer que desmontar la capacidad instalada que se construyó a través de estos años no sucederá de la noche a la mañana. Hay que tomar decisiones hoy para hacer frente al brutal embate. Que nadie nos pregunte dentro de dos años, ¿ustedes qué hubieran hecho?

A pesar de los años de bonanza y las oportunidades que trajo el TLC, no los aprovechamos para fortalecer el mercado interno, por el contrario, sostuvimos el muy bajo salario mínimo, lo que ha propiciado una enorme desigualdad en la distribución del ingreso. Uno es el México ligado al TLC y otro muy distinto el de quien no tiene nada que ver con una actividad relacionada con Estados Unidos y Canadá.

La tercera gallina que está bajo amenaza es la del turismo. La inseguridad del país, el incremento de la violencia y la falta de control al crimen organizado ponen en jaque esta tercera fuente de estabilidad económica. La crisis de Quintana Roo con los muertos en Playa del Carmen y la agresión a las oficinas de la Fiscalía. En cualquier momento esto debía ser causa de una gran preocupación, en esta coyuntura político-económica, adquiere dimensiones nacionales y debería ser atendida desde Los Pinos en acuerdo con el gobernador, sin importar si éste no es del PRI.

Los momentos de crisis también son de oportunidades. Obligado por las circunstancias, México deberá consolidar el mercado interno y apurar su apertura comercial con el resto del mundo. Afortunadamente tenemos muchos tratados de libre comercio. Política y estratégicamente es momento de perfilar un nuevo rumbo.

Nos encontramos frente a un cambio, nacional y mundial, que toca todas las esferas de la vida pública, la política, la económica, la social; de cara al futuro, como nación, como Estado, tenemos que encontrar nuestra posición en el nuevo espacio geopolítico y geoeconómico. No es un problema para los dos años que restan a Peña Nieto, es una definición que nos afectará las próximas décadas, en torno a esto debería haber una profunda discusión desde los partidos políticos, desde los sectores productivos, desde la academia, desde la sociedad.