Volver con la memoria
Conversaciones con intelectuales, políticos y hombres de la ciencia, el arte y la cultura del siglo XX.
Acerca de volver con la memoria
Adolfo Sánchez Rebolledo
1. Televisión y diálogo
Hace ya una docena larga de años, encabezados por Rolando Cordera, iniciamos la aventura de realizar un programa de televisión cuyo propósito inmediato fuera recoger los testimonios de vida de un grupos de mexicanos –cuatro mujeres entre veinte varones— sobresalientes en las artes, las ciencias, la cultura y la política, cuya trayectorias y experiencias, todas tan diferentes, pudieran servir como referentes para comprender nuestro pasado reciente y preguntarnos sobre el futuro que en 1998 ya teníamos encima.
Se trataba de incursionar en el campo de la difusión cultural aprovechando las magnificas herramientas puestas por los medios electrónicos al alcance de los profesionales, pero eludiendo las rutinas del entretenimiento comercial, cuya dictadura ha excluido de las pantallas cualquier entrevista que exceda, digamos, la acumulación de dos frases continuas; y eso sólo cuando la fama precede al personaje. Gracias a la generosidad del canal 22, Rolando Cordera propuso, en cambio, apartarse del ruido mediático en torno a las “celebridades” para quedarse con la conversación informada, sin pretensiones exhaustivas, pero capaz de transmitirnos una visión plural en torno a las pulsiones del México de fin de siglo. En resumen: Con ese proyecto Cordera se disponía a ejercitar el viejo arte del diálogo, que si bien si bien no siempre lleva a la verdad si, al menos, nos hace más tolerantes hacia los argumentos del otro.
2. Personajes y memoria.
Para mi, debo decirlo, resultó una grata sorpresa constatar cuánto y qué bien han resistido estas entrevistas al paso del tiempo, pues primero sobrevivieron a la televisión y ahora se renuevan con inusitada vitalidad en el papel del libro; incluso algunas mejoran en retrospectiva. Dicha reencarnación me permite imaginar por un instante al poeta Jaime Sabines en la claridad matinal donde corren despacio sus versos eternos; escuchar a Juan Sánchez Navarro, ideólogo empresarial de la derecha, quien entre las reliquias de Lucas Alamán y Maximiliano afrontó con bonhomía y sentido deportivo la defensa del Partido Conservador; a Juan Soriano, el primero en abrirnos las puertas de su casa-estudio para confiarnos – a nosotros, unos desconocidos-- los secretos abisales del arte y la amistad, así como la eficacia del humor entendido como inteligencia moral. ¿Y los políticos? cuestiona Cordera: “unos ha sido maravillosos teniendo muy poco poder; otros no: han tenido mucho poder y lo han usado mal”, replica Soriano.
Sin exageración, la clave de la vitalidad de este “volver con la memoria”, aparte del mérito intransferible de las voces que llevan el coro principal, estriba a en la madurez intelectual del entrevistador que no confunde espontaneidad con improvisación pues sabe busca sin andarse por las ramas.
Rolando busca en la memoria de ese grupo tan diverso las señales vivas de la grandeza mexicana, considerada como la summa de aquellas obras que, siempre vinculadas a un nombre talentoso, constituyen nuestro legado histórico y cultural. La memoria permite escubrir la sucesión de los hechos, pero debería enseñarnos también a dilucidar cómo en tiempos de carencias se crean instituciones sociales ejemplares gracias a la solidaridad cuan ésta se distribuye mejor y más democráticamente. Solo así el esfuerzo organizador levanta escuelas y alfabetiza, se combaten las epidemias frecuentes, se lleva el agua a ciudades enteras crecidas sin saldar las cuentas con el mundo rural, mientras la sociedad recrea una cultura popular genuina, como bien lo cuenta Miguel Zacarías, el descubridor de María Félix. Si, en verdad, existe la inteligencia nacional, ésta adopta rostros de mujer, como Dolores Olmedo a quien debemos la conservación del acervo de Diego Rivera; como la extraordinaria Guillermina Bravo alentando la danza en su escuela queretana. Las hay artistas y poetisas que también son políticas y feministas, como Griselda Álvarez, primera mujer en gobernar un estado de la República, cuya historia sorprenderá a más de uno. O historiadoras de clara vocación mexicanista, como la universitaria Clementina Díaz de Ovando. Muy pocas si hemos de reconocer.
En ese listado aparecen los constructores de las grandes instituciones nacionales que nos protegen de la enfermedad, el hambre, la desigualdad secular, como las que funda el centenario Dr. Salvador Zubirán, a quien por cierto, debemos un retrato extraordinario de Calles y Cárdenas que merece recordarse. Arquitectos de la talla de Teodoro González de León y Pedro Ramírez Vázquez, el primero innovador de nuestra idea del habitat urbano y el segundo diseñador de escuelas modulares para instalarse en zonas de pobreza, afamado promotor de la Olimpiada Cultural paralela a los juegos Olímpico, cuya memoria se evaporó ante el asesinato del 2 de octubre del trágico año del 68. Y José Luis Cuevas, estrella mediática de la ruptura contra el “muro de nopal” que arrumba viejos mitos en el arte, dibujante extraordinario.
Figuran en un lugar destacado las respuestas de Silvio Zavala, cuya trayectoria académica la refrenda una obra penetrante y extensa que nos permite comprender el nacimiento de la modernidad siguiendo la ruta de los grandes navegantes, la conformación de instituciones, en fin, la significación de México en el nuevo mundo.
El lector, como es natural, preferirá unos textos a otros, pero en ningún caso éstos les serán indiferentes, pues si bien atienden a historias individuales, una fuente común une entre sí a los dialogantes en una sola dimensión que los explica a todos: la visión de un país mejor por el vale la pena hacerlo todo.
3- líneas temáticas
El recuento puntual nos introduce a un vasto panorama de temas y problemas que ayudan a explicarnos como se edificó paso a paso, entre enormes contrariedades la nación que apenas había surgido casi un siglo antes sin cohesión y casi sin identidad. Dicho así, Volver con la memoria es el relato de esos asuntos capitales que revividos o transmutados siguen entre nosotros anunciando tormenta sin fecha fija.
No es de extrañar, por tanto, la importancia asumida por la educación como el punto de partida de un orden social más vivible, si bien los entrevistados coinciden en el sentimiento de azoro y pesimismo al que los reduce el estado de miseria corporativa en que ya, en 1997-1998, se hundía la enseñanza. Podría derivarse de la lectura de Volver a la memoria que no hay demanda insatisfecha tan importante como el rescate de la educación nacional.
Palabras aparte merece la Universidad Nacional Autónoma de México como sustento de una comunidad libre, fundada en el conocimiento, en las humanidades y hoy por hoy en el despliegue de la ciencia, tantas veces escamoteada por la demagogia presupuestal a cargo de aquellos que, ciegos o interesados, no advierten que un país sin instituciones científicas de excelencia jamás podrá salir del subdesarrollo. Por eso, reconoce el físico Marcos Moshinsky, “hay un sentimiento de desapego a la ciencia generado básicamente por ignorancia”. p.46 Ignoro si la masiva presencia de una juventud sin esperanza ni empleo permitirá cumplir el programa minimo esbozado hace más de una década o si la crisis ya lo convirtió en el máximo programa de sobrevivencia. De las complejas relaciones entre la universidad de masas y el Estado, pero también de las oportunidades creadas para atender una demanda que desborda cualquier capacidad universitaria instalada, hablan los ex rectores Salvador Zubirán y Guillermo Soberón.
4. El milagro mexicano
Imposible para una presentación como ésta reseñar los pasajes que me parecen más significativos. Pero hay una entrevista que merece un señalamiento especial. Me refiero a la que, con toda seriedad respondió el secretario de Hacienda, Licenciado Antonio Ortiz Mena, tras varios años de silencio en los medios, justo antes de publicar una obra acerca de su gestión en la administración pública. Si Ortiz Mena aceptó la entrevista fue por dos motivos: primero porque las cuestiones que se le plantearon eran las mismas que a él preocupaban vitalmente; segundo, porque el ex secretario de Hacienda conocía al economista Cordera como un crítico riguroso que había ejercido el derecho a cuestionar el “milagro mexicano”, fruto dorado del desarrollo estabilizador asociado al nombre del supersecretario. Sin saber bien a bien como resultaría, Rolando y yo nos vinimos a verlo en su casa de Cuernavaca y aquí, bajo las sombras de un hermoso jardín, con absoluto respeto y seriedad se produjo la entrevista Ortiz Mena-Cordera.
Justo es decir que el ex funcionario, entonces jubilado, jamás rechazó una sola pregunta. Mas bien se alargó en algunos temas apasionantes, como si México podría haber evolucionado o no en el sentido de una socialdemocracia, planteamiento nada extravagante considerando el contexto de la Revolución Mexicana, pero absolutamente ajena al entramado de la guerra fría que, para México, recordaría el mismo Ortiz Mena, se alzaría como un muro intransitable a partir del derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala. Mucho y bueno se habló después de economía, pero también de historia. No se dejaron en el tintero algunas cuestiones delicadas, como el reconocimiento implícito de la relación entre la represión a la insurgencia magisterial y ferrocarrilera de fines de la década de los 50s y la exigencia norteamericana de inaugurar una nueva etapa de crecimiento con estabilidad, el famoso “desarrollo estabilizador.
5. Los viejos tiempos de la derecha
Sin embargo, la llave que abre todas las puertas en el umbral del siglo XXI es la democracia. La convicción de su inevitabilidad une casi sin matices a las élites, a la izquierda y a la derecha, mientras en notable sincronía se gesta desde los entretelones del poder la rendición ideológica de los que aquí, como cuestión de principios, rechazaban la transición. Una a una, las piezas electorales caerán en el tablero recién estrenado del juego de las urnas y si al final del siglo XX el presidencialismo se mantiene formalmente, ahora también formalmente es un hecho notorio que ya no sacude ni conmueve ni los suyos. Así, desenfadamente, la ilusión por el cambio recorre el año 1998, sin advertir que las respuestas únicas también suelen ser generalmente falsas. Más el cambio está a la vuelta de la esquina. Ya el viejo parlamentario Juan José Hinojosa afirma sin asomo de duda: “Acción Nacional está en la antesala del poder”. P. 96. La derecha, vieja o moderna, deja de temer al nacionalismo, en el sentido de que “ nuevamente el Estado (vaya) a dirigir todo el orden económico”. Sánchez Navarro y Marcelo Garza Sada coinciden al decir que el fracaso de las “economías centralizadas”, inclina la balanza “a favor del esfuerzo de los individuos y no el de los gobiernos”. (108). El amanecer despunta en el Norte pero se consolida en El Bajío. La derecha está segura pese al “error de diciembre” que sin estatismo de por medio puso a México contra el suelo. El TLC tranquiliza, blinda al poder pese a los zapatistas en la selva y la presencia de varios millones de ciudadanos mexicanos al otro lado de la frontera. La mano que mueve la cuna se ubica en Whasington. Es la hora del nuevo orden internacional y a él se acogen, esperanzados, los que muy pronto “sacarán al PRI de los Pinos”. Un dato sobre hegemonía e ideas dominantes: hasta donde recuerdo ni una sola vez en estas páginas los entrevistados mencionan a Ernesto Zedillo, antes de ser el último presidente de la saga institucional.
Algunas de las más jugosas entrevistas las ofrecen los citados prohombres de la política conservadora y empresarial. Releerlas es una experiencia singular y hasta cierto punto extraña, debido a que esas figuras públicas e ilustradas, como lo fueron Hinojosa y Sánchez Navarro, al parecer, o se han extinguido del PAN o ya no hay quien se atreva a ocupar la cátedra vacía dejada por sus maestros. O tal vez la lógica de la competencia los obliga a dejar la escena. Garza Sada, por ejemplo, reconoce que “la democracia no nos va a resolver por sí sola los problemas económicos”, pero confía en lo beneficios políticos que la ansiada alternacia traería consigo p. 110. ¿Lo habrían dicho igual en la campaña electoral hacia el 2006, luego de Fox? Lo dudo, pero algo pasó con el discurso, las formas y el lenguaje público de la derecha en una sola década. Quizá ahora, frente al pantano que es la vida pública, sea obligado dar otro rodeo antes de alcanzar la democracia que necesitamos, intentando comprendernos como parte y extensión del mundo, pero no de cualquiera que se ofrezca como el único destino final de la historia como erróneamente aceptó la derecha. ¿Quedan aún espacios para la utopía?
6- Los heterodoxos
Volver a la memoria no es, como he tratado de ilustrar, la historia de los vencedores en el sentido corriente y aplanador que se le concede a la expresión, pues aquí se exponen, brillantes ejemplos de la heterodoxia, siempre a contrapelo de la mitología oficial. Resuena la defensa de la “matria” como antítesis del nacionalismo centralista, en boca de ese michoacano de excepción que fue Luis González y González; la oratoria rebelde de Othón Salazar, referente moral del magisterio en lucha y un hombre de bien dedicado a combatir la injusticia, a quien el gobierno panista dejó morir hace un año sin devolverle la plaza de maestro; a la heterodoxia pertenecen también las memorias de Miguel Ángel Velasco, panadero de oficio, comunista por voluntad, al que cupo el destino de ser el primer secretario general de la CTM, antes de que Lombardo Toledado y Fidel Velázquez sepultaran al sindicalismo clasista en la pleistocénica noche del charrismo.
Para Luis Villoro, cuyas preocupaciones lo llevan con gran sentido de esperanza a la cuestión indígena, la época del Estado Nacional, con sus grandes títulos e instituciones, ha entrado en una fase de decadencia, comparable a la que vivían los europeo en el siglo XIII al final de la Edad Media, de forma que la situación “nos está urgiendo a pasar de la idea de un Estado homogéneo e igual en todos los órdenes a sentido uno plural que admita las diversidades dentro de la unidad” p. 29
Quebrado el ensayo soviético para no volver jamás, el marxista Adolfo Sánchez Vázquez piensa, sin embargo, que un socialismo distinto será posible porque “el socialismo sigue siendo necesario hoy por una razón, porque los problemas fundamentales que determinaron su aparición, o sea, las contradicciones y los males del capitalismo, siguen no solamente vivos sino agravados incluso en nuestra época”p.239.
7. Cultura e historia
No obstante, la interrogación sobre el nuevo milenio que implícitamente recorre el libro no se resuelve sin reflexionar sobre el sentido mismo de la cultura. Cordera sabe y coincide con Sergio Pitol en que ésta, la cultura propia, es rica cuando “puede absorber todo aquello que le ofrece el mundo”; de otro modo “bajo la idea de la globalización hay avasallamiento, una pobreza absoluta, un desierto. Sin esa resistencia, augura Pitol, el mundo puede convertirse en Miami”, es decir, un lugar “de vulgaridad desechable, lo más visible, lo más relumbrante de una civilización diferente. Y entonces se queda en cero” p.319 El rechazo a la herencia nacional tampoco asegura el cosmopolitismo, la universalidad de nuestra cultura en la globalización.
La cultura es inseparable de la historia. Quede en pie la ironía de Clementina Díaz de Ovando, notable historiadora, cuando explica: “Si la gente que ha manejado el país –apunta= hubiera leído del siglo XIX en México a través de los siglos, el tomo de Vigil, no hubieran sucedido muchas de las cosas de las que estamos padeciendo ahora”. P.140
¿Y que más en la raíz de México que la defensa emprendida por ese sabio llamado León Miguel Portilla a favor de las etnias y lenguas indígenas? “Para mí”, confiesa a Cordera, éste es “ un legado importantisimo… en México tenemos cien lenguas, tenemos cien ventanales maravillosos, el español no está en peligro…”con cual resultan absolutamente deleznables las pretensiones centralistas y homogeneizadora de cierto nacionalismo convertido en retórica tricolor. lo p. 198 El Estado nacional no está en riesgo a causa de las exigencia de autonomía de los pueblos indios. “Yo no he sabido de ningunos indígenas que quieran ser independientes, yo no he oído eso, quizá la guerra de castas en Yucatán fue la última vez, pero hay que decir que fue por el sojuzgamiento inicuo en el que estaban”. P. 195.
Al acercarse el nuevo milenio el balance siglo XX parecía inevitable. El optimismo de la voluntad tentalea las respuestas, aunque a algunos, como Álvaro Mutis, declara sin ambages “me pesa grandemente haber vivido este siglo que hemos magnificado el progreso, las máquinas y toda esa serie de artilugios que nos han dado una falsa felicidad y que nos han engañado”. P. 128-129. La mayoría difiere del pesimismo del poeta, pues confía en el impulso civilizatorio sobre la barbarie, pero hay que reconocer que aún no habíamos visto lo peor. Remember New York, 2001.
Jiutepec, Morelos, 10 de noviembre de 2009
El presente como historia
*Rolando Cordera Campos
A fines de los años noventa todo se resumía en la imaginería del nuevo milenio, que arribaba cargado de promesas y maravillas así como de profecías ominosas ahora asociadas con el cambio técnico y la globalización de las comunicaciones. En México, tras lustros de decaimiento económico, turbulencias financieras y traumas monetarios, el reclamo democrático se abría paso y la reanimación de la economía después del drástico ajuste de 1994-95 permitía a muchos imaginar no sólo una recuperación sostenida sino el inicio de un nuevo ciclo de expansión productiva que por primera vez se diera en compañía de una mudanza política hacia la democracia.
Sin embargo, éstas y otras esperanzas y expectativas no se afirmaban ni podrían decirse que definían el clima intelectual y cultural de esos años. La llamada de alerta sobre las fisuras y grietas de los años ochenta, habría irrumpido con violencia en Chiapas en 1994, en tanto que los asesinatos políticos de ese año terrible advertían sobre las dificultades que todavía debía encarar la exigencia democrática para plasmarse en otro mejor régimen político.
La propia apertura económica y cultural que quiso coronarse con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, propiciaba sentimientos encontrados en la opinión pública. Muchos advertían sobre una derrota cultural de proporciones históricas, mientras otros celebraban como decisiva victoria de la modernidad lo que en todo caso todavía tenía que desplegarse en nuevas dinámicas en la producción, la tecnología y la creatividad política y cultural. Entre las inquietudes abiertas durante la década de los noventa estaba de nuevo una vieja preocupación por la identidad, puesta al desnudo bajo los fastos del Quinto Centenario o, si se prefiere, del encuentro o <<encontronazo>> que marcó el comienzo de la modernidad. México se descubrió en vísperas del nuevo milenio frágil y desigual, agobiado por la pobreza (como siempre) pero desprovisto de la energía vital e intelectual que en otro tiempo le había permitido vislumbrar el futuro con un sano realismo fundado en el esfuerzo y la sabiduría de sus mejores hombres. La reducción de la democracia a un mero ejercicio formal en ausencia de una óptica constructiva de la Nación, así como la adhesión acrítica a los nuevos catecismos de moda, como el del mercado único y global, desarmaban las iniciativas propias en aras de la imitación que se tenía como panacea para todos los males del mundo. Urgía, pues, para nosotros, revisar sin prejuicios, con ánimo de buena pedagogía, la obra transformadora que, pese a todo, había impulsado una pléyade de mexicanos sin contar con las ventajas acumuladas en el presente.
Para quienes entonces realizábamos el programa semanal de televisión Nexos (Eugenia Huerta, Ana Galván, Adolfo Sánchez Rebolledo, Rolando Cordera, Luis De Uriarte, Roberto López) se imponía la necesidad de recurrir a la memoria viva de nuestros intelectuales, políticos y hombres de ciencia, el arte y la cultura, para ofrecer al público y en especial a los jóvenes abrumados por cambios fulgurantes de signos encontrados, un panorama largo del siglo XX, marcado por esfuerzos y proyectos destinados no sólo al cambio, mucho menos al cambio sin objetivos, sino al fortalecimiento y desarrollo de nuestras coordenadas culturales primordiales. Queríamos poner en circulación no sólo ideas sobre el presente o la coyuntura, sino más que nada reflexiones sobre el quehacer de fondo, consistente con una época más que con un momento, que se mantenía en activo al final del milenio y que era menester registrar y difundir con el objetivo de conservar para así darle rumbo a tanta mudanza. De estas consideraciones surgió el proyecto de Memoria de Calidad que generosamente acogió el Canal 22 dirigido por José María Pérez Gay. Para su realización contamos además con la colaboración entusiasta de Sonia González y sus compañeros. El resultado: 26 entrevistados en igual número de transmisiones entre enero de 1997 y junio de 1998. Cuando echamos a andar, no imaginábamos lo aleccionador y conmovedor que sería este recorrido al lado de alguno de nuestros más entrañables y profundos memoriosos. Sin pretender que la lista fuera exhaustiva, tarea no sólo injusta sino posible, nos dimos a la tarea de entrevistar a una serie de mujeres y hombres quienes en sus respectivos ámbitos supieron vivir a plenitud el tiempo que les tocó, el siglo XX, cargado de potencialidades y esperanzas, en especial después de la segunda Guerra, pero también de horrores y desencantos. Anécdotas, recuerdos, reflexiones, retazos de momentos con las cuales es posible ir hilvanando nuestra historia. De la pintura al humanismo y a la ciencia; de la literatura a la política, a los museos y la poesía; de la danza a la arquitectura; de la medicina a la investigación y la construcción de instituciones; siempre en y con la historia. Tal fue el itinerario y el continente de nuestro proyecto que ahora ofrecemos como memoria impresa. En estas páginas el lector hallará los testimonios de Juan Soriano, Juan Sánchez Navarro, Marcos Moshinsky, Salvador Zubirán, Luis González y González, Antonio Ortiz Mena, Griselda Álvarez, Juan José Hinojosa, Andrés Marcelo Sada Zambrano, Álvaro Mutis, Clementina Díaz y de Ovando, Miguel Zacarías, Miguel Ángel Velasco, Silvio Zavala, Dolores Olmedo, Miguel León-Portilla, José Luis Cuevas, Pedro Ramírez Vázquez, Adolfo Sánchez Vázquez, Guillermina Bravo, Teodoro González de León, Jaime Sabines, Luis Villoro, Guillermo Soberón, Sergio Pitol y Othón Salazar.
En ellos, nuestros entrevistados dan cuenta de sus preocupaciones, compromisos profesionales y éticos; hablan de sus visiones; piensan en retrospectiva con la mirada puesta en el presente y el futuro: son todos ellos constructores de relaciones humanas, maestros dispuestos a ejercer el magisterio de la inteligencia y la generosidad. Viejos sabios, nos recuerdan que somos un país que tiene rostro y corazón y que por más amenazadores que parezcan los nubarrones en estas épocas de <<economías abiertas y mentes cerradas>> podemos mantener el proyecto de soberanía y progreso material y cultural que ha iluminado lo mejor de nuestra evolución política nacional. En tiempos difíciles como los actuales, cuando se piensa que se corre el riesgo del extravío, hay que volver sobre la universalidad del quehacer cultural acumulado. El privilegio de nuestro proyecto televisivo fue haber disfrutado de la generosidad de algunos de nuestros grandes maestros y creadores, dispuestos a compartir sus recuerdos como una lección abierta al futuro. El lector advertirá bajo el sello personal de cada entrevistado la misma pasión por México. Es ésta una fuerza creadora que enaltece las cualidades intelectuales, las estimula y engrandece, pero se aleja del nacionalismo vulgar y jamás sustituye al esfuerzo profesional; al duro trabajo en búsqueda de la excelencia que hace posible la genialidad. Mujeres y hombres diversos, en el diálogo con ellos recuperamos el valor y la importancia de entender el presente como historia.
Invitamos al lector a emprender este viaje por la memoria mexicana de nuestro tiempo. Memoria de calidad, ni duda cabe.